En Venezuela vivimos libres, realmente libres; una libertad que hasta asquea.
En Venezuela somos tan libres que no podemos disfrutar de nuestros parajes turísticos, ni de nuestras ciudades mucho menos podemos ir por ahí mostrando costosas pertenencias; tan libres que hay que censurar los medios de comunicación, la producción alimenticia hay que racionarla ya que puede que se presente un problema de obesidad en los ciudadanos. Una verdadera maravilla. Una que muchos no quieren ver, que siguen creyendo que hay una dictadora malvada y acosadora. Si es ahora que a este país lo vienen a reconocer a nivel mundial ¿Quién los entiende?
A veces es difícil creer eso. Eso o es que mi sarcasmo es demasiado evidente. El país se cae a pedazos, muchos pensamos que lo mejor es el exilio y que el país se lo llevó una marea roja para quizás no verlo nunca más. Y hablo del país de nuestros padres, el mismo que siempre mencionan y que añoran.
Y no dejo de preguntarme si Venezuela ahora es de todos ¿Antes de quien era? Quieren ver al futuro pero ¿Siguen creyendo en los ideales de Ezequiel Zamora y del Che Guevara? ¿Dónde están las casas y mejoras sociales que prometieron?
Parecen algo peor y más retrograda que cualquier gobierno populista del tan criticado pasado de este país y negarlo es negar lo evidente, lo obvio.
O solo quizás sean los efectos de ver otros horizontes, de regresar de un largo viaje en una nación que por muy mal que se encuentre en el actual momento no ha descuidado la seguridad, la libertad, la educación y alimentación de los ciudadanos, sin olvidarse de ver hacia el futuro.
Renunció el primer ministro de Italia, renunció el presidente de España, ya han caído varios dictadores de los países árabes y por mucho que digan unos China está donde está es por la economía de mercado y por mucho que les moleste, ese país es la peor demostración de los fundamentos de la mencionada forma de economía.