They Call me Thor

Las vivencias terrenales de un Space Cowboy en pocos párrafos

Archive for the category “Historias”

Corriendo detrás de Ella

Esperé al momento indicado, cuando el padre  dijo “si alguien se opone a esta unión”, para hacer mi entrada.

Todos los asistentes de la boda voltearon a verme, supongo que preguntándose  quien era el demente que se oponía al matrimonio. Me clavaban miradas de odio mientras me acercaba a donde estaban los novios.

Para darle una referencia al lector, mi nombre es Brian Burton y a pesar de que trabajo como cocinero, siempre me gustó esa chica que una vez llegó sola al restaurante en donde trabajo llamada Sofía Wayne. Tarde me di cuenta de ello.

Fue durante mi turno libre que la conocí. Estaba sentada en las afueras de mi sito de trabajo. Ella comenzó la conversación, estábamos esperando el mismo bus, ella sentada en la parada y yo de pié. Ella comenzó la conversación, y desde ese día nos estuvimos viendo, escribiendo cada vez que podíamos.

La chica me agradaba y ella se reía mucho cuando hablamos. Pero todo cambió bruscamente el día que nos vimos por última vez, el mismo día que quería darle a conocer mis sentimientos hacia ella.

Me dijo que le dejara tranquila por tres meses, que estaría ocupada, con una voz casi por quebrarse.

No pensé que era esto, matrimonio.

Antes de acercarme al altar, soy detenido por dos forzudos.

—Este chico interrumpió el ensayo más importante de la obra.

Dijo una señora que salía detrás del púlpito.

Las miradas de los actores se clavaron en mí, ella no aguantaba la risa.

Nos encontramos en las afueras de la iglesia.

—Así que eres actriz—me aclara ella.

—Exacto—responde luego de que se quita el velo del vestido—en esos tres meses estaría ensayando muy fuerte; para después el estreno de la obra.

—Después del estreno—le pregunto—¿Vas a hacer algo?

—Claro. Estar contigo.

Me responde y me besa en la mejilla.

Dios mío que pena.

Un monólogo cómico escrito por mi

Este es un monólogo tipo stand up comedy que hice para un personaje a quien le estoy escribiendo su historia. Espero sea de su agrado.

Todos tenemos algo que contar. Para los que me conocen recientemente, fui actor infantil. Aparecía en la serie del momento para esos días “La Familia P”, pero no como el protagonista, hacia del hijo del vecino y matón del pequeño J. Me dieron el papel cuando inocentemente dije que mi padre fue boxeador.

Luego crecí y ni me querían de extra en “Viaje al Cosmos” aunque les hubiese ahorrado dinero, no debían maquillarme ya que parecía un humanoide con tanto acné y con una voz que cambiaba cuando “se me iban los gallos”.

Luego probé suerte con los programas de entrevistas y sorteos de loterías pero a pesar de la buena paga, no hay nada mas falso que demostrar interés en los ganadores de esos sorteos y en las madres preocupadas por sus hijas a punto de dar a luz a híbridos entre humanos y extraterrestres. Menos mal que ese tema no estaba de moda durante mi adolescencia, dirían que uno de mis padres es marciano, o le fue infiel al otro con un marciano.

Luego me fui del negocio de la televisión, ahora me arrepiento ya que con tanto treintañero haciendo de muchacho colegial hubiese tenido algún papel, como el director de la escuela o el fontanero que salió nada más en el piloto. Y me pregunto ¿Nadie le nota la cara de bebedor al protagonista de la serie escolar nueva? ¡Si puede ser el hermano mayor de la protagonista en una próxima obra!

Me cambie de ramo, pero estuve dando saltos en los empleos serios.

Comencé como taxista, pero renuncie cuando me dijeron que nada de carreras ¿Entonces como se gana el sueldo en esta empresa? Le pregunté al jefe, no por algo a los taxisistas le dicen la plaga blanca.

Luego fui capataz en una obra de construcción, mis tareas eran llegar temprano, dirigir los piropos de los obreros y ver el cemento que se secara. Lo más difícil fue convencer a los obreros de que no fuesen tan soeces con las mujeres; te multa el sindicato si no les dejas decir groserías y que Dios te libre si la paga llega tarde.

Un día un amigo me pidió que el diera la suplencia en su trabajo. Tarde me dijo que era profesor de educación física en un colegio de monjas. Y el problema no era el alumnado, eran las monjas. De verdad que aparte de feas, nunca han visto un hombre con pantalones cortos.

Luego me tocó otro trabajo, pensé que nada podía ser peor que las monjas. Me equivoqué, traten de ser cobrador de un condominio de solteronas y para colmo nada agradables a la vista, era como ver a mi suegra en los treinta pisos del edificio. Con el cobrador anterior no se atrasaban tanto con el pago, era tuerto el señor, con dientes de conejo y hablaba como un payaso ebrio, nadie lo quería en ese edificio, pero era el mejor cobrador de la zona. Cuando entré en su zona me tocó ver que hay gente mayor que debe ir de inmediato a casa de un psicólogo ¿A quien se le ocurre seducir al cobrador del condominio? y de paso no una sino varias viejas que asustarían a drácula.

Ahora tengo dos empleos nuevos. Uno es hablar de los empleos anteriores con extraños, para que valoren el suyo y el otro como gerente de una corporación maligna, un restaurante de comida rápida. Menos mal que ya me llamaron los del programa “¿Qué le pasó a esa estrella del pasado?” para cancelar la entrevista que querían hacerme. Argumentaron que no se le hace publicidad a otro empresa maligna.

Muchas gracias por su atención.

 

 

Puerta al ojo siniestro

El pequeño Miguel era el azote de su urbanización. Que niño más problemático, si no era por las pesadas bromas que gastaba en su colegio, eran las quejas de los vecinos por sus ventanas rotas, mascotas enfermas o azúcar en los tanques de gasolina de los autos. El niño realmente era un problema. Y siempre sonriente, sus enormes mejillas y ojos claros le ayudaban a sortear los regaños de los adultos.

Ni las adolescentes que prestaban el servicio de niñera querían cuidarlo, y comenzaban los padres a estar hartos de tanto impedimento y malos ratos que les hacia pasar su hijo.

Una noche, los padres de Miguel, querían ir al cine, y no tenían nadie con quien dejar a su retoño.

-No se preocupen-les dijo por teléfono la señora Sandy- yo les cuidaré a su hijo con mucho gusto.

Miguel al escuchar esas palabras tuvo un escalofrío. Quedarse en la casa de la señora Sandy era algo que no quería, y por muchos berrinches y gritos que hiciera no había forma de cambiar ese hecho. Era mejor tratar de comportarse y comprobar las habladurías de los muchachos de bachillerato acerca de esa casa.

Si la señora Sandy tenía algo que no se podía evitar dejar de mirar, un ojo que tapaba con sombreros y velos. Decían que era un pariente de Medusa, que ese ojo podía convertir en piedra al que lo viera, o que podía entrar en los rincones más profundos de la mente de la persona que lo viera.

Miguel fue dejado en la casa, un poco tenebrosa y llena de polvo de su niñera por esa noche. El miedo era la fuerza que lo mantenía tranquilo, la fuerza que le hacía resistirse a los dulces que le ofrecía su anfitriona tan amablemente.

-Ya van a ser las nueve, es mejor ir a dormir-comento la dueña de la casa a su invitado- si te da sed puedes bajar a beber agua, pero ni se te ocurra ver a los ojos de mi mascota.

Y con esas palabras el travieso Miguel volvió en si. Y quizás esa mascota era la que ocasionaba los cuentos sobre esta señora.

Esperó a que ni se escucharan las chicharras en las lejanías y bajo a buscar la mascota en cuestión y verla, como lo haría cualquier niño curioso.

Sobre un balcón de la cocina dentro de una jaula de delgados barrotes, tapada con un grueso pañuelo se encontraba la querida mascota.

-¿Qué te puedo hacer? Torcerte el cuello, meterte en el horno encendido,   o apretarte hasta que tus ojos exploten. Hay tanto que hacer.

Con cautela se acercó, levantó el pañuelo hasta ver la puertita de la jaula y en un rincón el animalito. Lo sacó violentamente y el animal reaccionó mordiendo al niño en una mano, el niño comenzó a marearse y cayó pesadamente al suelo. El animalillo subió por su pierna y se posó sobre su nariz, mirándolo con fieros ojos.

-Te dije que lo dejaras en paz. Ahora te invito a ver en sus ojos. Te presento a la reptil medusa. No te convertirá en piedra pero te comportaras en una. Dejaras de hacer tanto desastre, vivirás con el miedo a volver a verle fijamente, como lo hace ahora, a sus encantadores ojos rojos. El veneno mágico que te inyecto al morderte hará que te ardan las entrañas si vuelves a pensar en travesuras, te hará padecer una fiebre alta, con terribles pesadillas. Desde ahora serás un niño bueno como lo quieren tus padres.

Fue a partir de ese día que todos se sorprendieron con el cambio del pequeño Miguel. De ser un problema para sus padres pasó a ser un niño bueno, aunque un tanto miedoso, pero ¿Quién no lo estaría después de esa experiencia?

Corriendo detrás de ella

Esperé al momento indicado, cuando el padre  dijo “si alguien se opone a esta unión”, para hacer mi entrada.

Todos los asistentes de la boda voltearon a verme, supongo que preguntándose  quien era el demente que se oponía al matrimonio. Me clavaban miradas de odio mientras me acercaba a donde estaban los novios.

Para darle una referencia al lector, mi nombre es Brian Burton y a pesar de que trabajo como cocinero, siempre me gustó esa chica que una vez llegó sola al restaurante en donde trabajo llamada Sofía Wayne. Tarde me di cuenta de ello.

Fue durante mi turno libre que la conocí. Estaba sentada en las afueras de mi sito de trabajo. Ella comenzó la conversación, estábamos esperando el mismo bus, ella sentada en la parada y yo de pié. Ella comenzó la conversación, y desde ese día nos estuvimos viendo, escribiendo cada vez que podíamos.

La chica me agradaba y ella se reía mucho cuando hablamos. Pero todo cambió bruscamente el día que nos vimos por última vez, el mismo día que quería darle a conocer mis sentimientos hacia ella.

Me dijo que le dejara tranquila por tres meses, que estaría ocupada, con una voz casi por quebrarse.

No pensé que era esto, matrimonio.

Antes de acercarme al altar, soy detenido por dos forzudos.

-Este chico interrumpió el ensayo más importante de la obra.

Dijo una señora que salía detrás del púlpito.

Las miradas de los actores se clavaron en mí, ella no aguantaba la risa.

Nos encontramos en las afueras de la iglesia.

-Así que eres actriz-me aclara ella.

-Exacto-responde luego de que se quita el velo del vestido-en esos tres meses estaría ensayando muy fuerte; para después el estreno de la obra.

-Después del estreno-le pregunto-¿Vas a hacer algo?

-Claro. Estar contigo.

Me responde y me besa en la mejilla.

Dios mío que pena.

Un tren llamado Cronos

Aqui les dejo otro capítulo piloto de una historia.

Primera parte

Me despierto, voy volviendo a la realidad, abriendo lentamente los ojos.

-Está despertando, vengan-escucho la voz de una chica desde las cercanías.

Estoy en una habitación, no sé en donde, pero no es mi hogar. Mi cabeza aún da vueltas, tengo vendaje en la cabeza y en el pecho.

-Afortunadamente tenemos equipo medico del bueno- dice una figura, supongo que por lo grave de la voz, es un muchacho.

Veo borroso todo a mi alrededor. Lentamente se va aclarando todo.

-Voy a colocar la cama de forma más cómoda para hablar-agrega la primera voz que escuché.

Ante mí aparecen dos muchachas y un muchacho, todos alrededor de mi edad, veintitrés.

-Nos diste un buen susto-comenta el muchacho mientras toma una silla de plástico y se sienta al frente de mí.

-Creo que le debemos unas explicaciones a este muchacho-agrega una de las chicas.

-Y que se presenten-argumento.

Hubo unos segundos de silencio en la habitación. La persona en romperlo fue la primera chica que escuché hablar.

-Mi nombre es Andrea, ella es Ángela y él es Marcus-se presentan finalmente-¿Cómo te llamas tu?

-Mi nombre es Christopher ¿Me pueden explicar en donde estoy?-les pido que aclaren las dudas que tengo.

Me encontraba en uno de los vagones de un Tren, pero no uno cualquiera, uno que viaja en el tiempo, y solo personas muy selectas se pueden subir al mismo.

La inteligencia artificial del tren Cronos detuvo el viaje del inmenso aparato en el año 2.010, el año en el cual vivo. La misma ha detectado una aglomeración de los seres llamados Caos, los que ocasionan que se alteren las realidades y líneas del tiempo.

Y esa parte del cuento no me la creo mucho.  De seguro alguien saldría y diría “Cámara Escondida” o el nombre de uno de esos programas de bromas que siguen al aire en la televisión. Pasaron los minutos y no sucedió lo que estaba pensando. Eso implica que todo lo que me dijeron era verdad, así sea a medias.

Me dejaron solo por unos momentos, de seguro para que asimilara la extraña noticia.

Lentamente fui cobrando el control sobre mi cuerpo, pero salieron varias dudas durante eso ¿Qué me sucedió, para que tuviera estos vendajes? Y ¿Cómo llegue a este lugar?

Segunda Parte

Mi nombre es Christopher De Carlo,  vivo en el año 2010. El viernes por la noche mi teléfono móvil me recordó que el día siguiente iba a ser el cumpleaños de Ana, una amiga muy querida para mí.

Debía salir temprano para salir a comprarle su regalo e ir en la tarde a su casa, para pasar ese día tan especial con ella. Desde la muerte de sus padres, hace un buen tiempo, entre su hermana mayor y yo, somos los únicos que la mantenemos viva, los únicos que aún pueden sacarle una sonrisa, animarla para que siga viva.

Estaba en la estación del metro cercana a mi casa, esperando tranquilamente. Tenía puesto los auriculares de mi MP3, era el típico sábado en la mañana en la ciudad.

Mi vida es muy tranquila. De lunes a viernes asisto a la universidad, tengo un empleo de medio tiempo, vivo solo, y tengo una gran amiga a quien aprecio mucho.

Me dirigía al centro de la ciudad para comprar su regalo.

De repente la gente comienza a correr como loca hacia la salida de la estación.  Me quito los auriculares, uno de los encargados de seguridad me exclama mientras hace lo que puede para dirigir a la turba que corre desesperada.

-Corre muchacho, una extraña criatura acaba de aparecer y esta haciendo estragos.

Una extraña entidad, caminaba erguido a dos patas, como lo haría un humano, pero era una figura que infundía miedo, como de dos metros de alto, con púas a su alrededor y gruñendo, dando golpes a lo que pasara por delante de sus ojos.

Mientras caía presa del miedo, intenté correr. Tarde me di cuenta que no debí mirar a aquella cosa, mis piernas me fallaron y me caí.

Lentamente aquella cosa se acercaba, pero peor aún, la gente que corría de ella acercaba a grandes velocidades hacia mí.

Pensé que iba ser mi final, iba a morir aplastado por una turba asustada. De repente, una luz me muestra un extraño ticket. No se por que lo tomé. Cierro mis ojos mientras le doy la cara a la turba, a mi muerte.

Otra luz ciega mis ojos, pero siento los golpes que me dan la gente que corre desesperada.

Me lamenté por no estar ese día con mi mejor amiga, con su hermana, terminar muerto por un extraño suceso.

Luego terminé en este extraño tren, con otros tres jóvenes misteriosos.

Es aquí que comienza mi historia.

La historia de cómo cuatro personas pueden alterar el tiempo.

La historia del Tren Cronos.

Tercera Parte

Andrea, Ángela y Marcus se encontraban en otro vagón del tren. En específico en el vagón comedor. Eran las doce del mediodía.

-Debes estar muy contenta. Finalmente estamos en tu tiempo.

Comenta Ángela a su compañera.

-Si, y mas contenta, ya que finalmente hay alguien de esta línea del tiempo-responde Andrea, luego se lleva a la boca una cucharada de sopa.

Marcus rompe su silencio comentando- Desde que lo rescatamos, no hay mas señales del monstruo que esta haciendo de las suyas aquí. Finalmente hay un nivel decente de desarrollo tecnológico en la parada obligada del trencito.

-Ya vas a comenzar Marcus- comenta un poco molesta Andrea soltando su bandeja violentamente contra la mesa- nuestra misión es detener a las entidades Caos como sea posible, no depende de nosotros si hay la suficiente tecnología para hacerlo.

Marcus regresó a su silencio. Andrea suelta unas risitas. No era la primera vez que los veía discutir así.

-Por cierto Andrea-retoma la conversación-quería preguntarte ¿Eres de esta ciudad?

-No, no lo soy. Mi ciudad natal está a unas cuatro horas de viaje en bus desde esta-responde jovialmente-me gustaría ir a visitarla. Así sea por un momento. Y ¿Qué opinas de esta época?

Ángela mueve su bandeja hacia la derecha, un robot la recoge y la lleva a lavar.

-Pues, en comparación con lo que recuerdo de la mía, menos contaminada-responde luego de mirar por la ventana, el paisaje.

Se abre la puerta del vagón, dejando entrar al nuevo pasajero. Los comensales se sorprendieron al verlo.

-¿Puedes mostrarme tu Ticket de Abordaje?- pregunta una unidad robótica a Christopher.

-Se refiere al ticket que de seguro encontraste después de ver una luz muy brillante-le aclara Marcus levantándose de su asiento.

Christopher saca del bolsillo derecho el ticket y se lo muestra al robot. Luego de unos segundos este se retira y el muchacho pasa a sentarse en la mesa con las dos chicas.

-¿Qué le pasa a Marcus?-pregunta Christopher.

-Mo te mortifiques por él-le responde Ángela- come tranquilo. Debes recuperar tus energías.

A los pocos segundos de haberse sentado, un robot le muestra Christopher el menú del día.

Cuarta Parte

¿Qué hay de mi historia personal? A lo mejor no mucho. Como una buena parte de los jóvenes universitarios, me mude a una gran ciudad para proseguir con mis estudios, ahora a nivel de pregrado. Pero, me fui de la ciudad en donde vivía, no por el hecho de que fuese un lugar pequeño. Me fui por dos razones, una para conocer el mundo, y la otra es que las casas de estudio no me ofrecían una carrera que me motivara a quedarme estudiando de claro en claro.

De las cuarenta y cuatro personas con quienes estudié desde la primaria hasta el último año del bachillerato, solo fuimos cuatro los que pensamos en marcharnos. De entre los cuatro está mi amiga Ana.

No se si soy muy ambicioso, pero esa ciudad era demasiado pequeña para mis sueños, para mis metas.

Mis padres me apoyaron en la idea de irme. Si bien admito que fue duro despedirme de mis amigos, aquél viernes de 2.004, cuando hicimos una fiesta de despedida.

Era evidente que detrás de las risas, se escondía la tristeza. Y lo admito, aún hoy me duele ver poco a esos muchachos que vivieron conmigo gran parte de mi propia vida. Y sin embargo, ese día fue el día mas alegre que estuviera en aquel lugar, ese al que aún llamo hogar.

Tengo un empleo de medio tiempo con el cual me pago mis gastos personales, mientras que mis padres pagan la habitación en donde estoy viviendo. La mujer que tengo por casera es muy amable conmigo.

Antes de irme mi padre me hizo un regalo.

-Hijo mío-me comentó mientras empacaba mis cosas- hoy quiero conversar un rato.  Estarás solo en una gran ciudad, y no es fácil vivir en aquellas selvas de asfalto. Este reloj le perteneció a tu abuelo, a lo mejor no será tan sofisticado como el reloj digital que usas. Pero quiero que lo uses, lo cuides. Tal como hice yo cuando comencé mis estudios en la universidad al igual que tu, hace ya tiempo.

Mi padre me hace entrega de un “anticuado” reloj de pulsera, esos que tienen  manecillas y cadenas bien pesadas. Y en perfecto estado.

-Cuando te falle ese reloj digital que usas-agregó de nuevo-puedes confiar plenamente en este reloj. Nunca te dejará mal.

Y desde ese día está en el bolsillo izquierdo de mis pantalones. Quizás no lo use por razones de seguridad personal, mi reloj digital pasa desapercibido, pero siempre está a mi lado.

Soy un simple muchacho del interior del país, como cualquier otro.

Después de eso, Ana y yo nos fuimos, quizás para no volver, quizás para volver durante los asuetos. Pero a la final nos fuimos, a diferencia de muchos de nuestros amigos que dejamos atrás. Quienes se quedaron, argumentado que en ese lugar lo tenían todo, y que era una aventura muy arriesgada salir. Pero eso es la aventura. Adentrarse a algo misterioso, sin saber que te puede suceder.

La Venganza de Jhonny Oro

Este es mi primer acercamiento al Steampunk espero les guste

1º Parte

Un hombre joven, alto y vestido de forma elegante estaba detenido al frente de una mina abandonada. Tenía por acompañante a un anciano, conocedor de la solitaria zona.

Era de noche y las estrellas brillaban, al igual que las lámparas de aceite.

-Señor como le comenté, esta mina fue clausurada después de la Guerra Civil. No sé por que.

Comentó el anciano.

-Tal vez por lo que hay adentro.

Respondió el hombre.

Usando una pala y un pico rompieron las tablas de madera que les obstaculizaban el paso.

Una vez adentro, el joven sacó un mapa detallado del lugar.

Ambas personas se mantuvieron en silencio por un buen rato desde su entrada en la mina.

-Exactamente señor ¿Qué está buscando?

Pregunta el anciano.

No soportaba la curiosidad y el misterio alrededor de aquel hombre que hace meses atrás le había pagado para abrir la mina 434 del distrito norte de San Antonio.

-Magnum Opus. El mejor trabajo. Eso es lo que estoy buscando. Las únicas cuatro unidades que usó la Unión de los Soldados de Hierro. Aquel fatal día.

Respondió el misterioso hombre mientras iluminaba uno de los pasajes de la mina en donde se encontraban tales piezas.

-  Así que usted es un Confederado renegado. Sabía que había algo en usted que no me agradaba.

Confesó el anciano mientras sacaba un pequeño revólver.

-Yo siendo usted no haría eso. Si quiere vivir otro día. Mi nombre es Jhonny Oro, orgulloso Cabo del 14º regimiento de Caballería de la Confederación de los Estados del Sur. Y no pienso descansar hasta cumplir mi venganza.

Exclamó el muchacho luego de presentarse.

-¿Pretende reiniciar una guerra ya culminada?

-No. Si nuestro General aceptó el armisticio, yo también. Quiero vengar a mis hermanos de armas.

Respondió Johnny Oro mientras encendía a uno de los Soldados de Hierro.

Durante la Guerra Civil la Unión usó en una batalla una invención. Eran cuatro gigantes de hierro movidos a vapor. Estos autómatas estaban armados fuertemente, capaces de lanzar grandes trenes como si nada.

Al ver los resultados de su uso, la Unión decidió que eran muy peligrosos. Semejante poder destructivo podía reabrir las heridas y otro conflicto sangriento podía comenzar.

Meses antes de la firma del Armisticio, con el cual se le dio final al choque fraticida, el lato mando de la Unión decidió esconder las cuatro máquinas.

Johnny Oro salió de la oscura mina llevando a las máquinas con él.

-Anciano, ahora trabaja para mí. Busca en cada pueblo de este estado a un hombre llamado George Custer. Cuando lo hayas hecho envíame un telegrama. Y deja el resto en manos del destino.

Le ordenó Johnny al indefenso anciano.

-Si señor. Pero ¿Qué hará usted en todo ese tiempo?

Preguntó nuevamente el anciano.

-Llamar la atención de ese hombre de forma indirecta.

Respondió el joven mientras ajustaba el asiento de la máquina a su gusto.

Tres hombres misteriosos irrumpieron y se montaron en los tres gigantes restantes.

El anciano no hizo reproche aluno. No podía hacerlo.

Johnny le había pagado con 4 onzas de oro macizo, con eso se debía costear la búsqueda y demás gastos.

-El miedo y el oro bien usados se convierten en poder.

Dijo para si mismo el antiguo combatiente del bando del sur.

Una venganza estaba por comenzar.

2º Parte

Raquel es una chica blanca de uno de esos pueblos del oeste. Es de mediana altura y de cabellos castaños. Se gana la vida cocinando para el único restaurante de  los malos hábitos.

Esa mañana llevaba comida a la pequeña granja de su único amigo en el pueblo. El señor Custer.

En la entrada de la misma se encontraba él, apoyando su silla en la cerca de madera.

-Buenos días señor Custer ¿Cómo está el día de hoy?

Le preguntó la alegre joven.

-Buenos días Raquel, estoy de maravilla.

Le responde el hombre alto, con una negra barba y piel curtida por el sol.

-Le he traído lo que ordenó.

Agrega Raquel. De su bolso saca la comida y la prensa del día.

Custer toma el paquete con la comida. Luego de tragar un pedazo de carne le pregunta a la joven.

-¿Qué hay de nuevo?

-Pues ha habido una serie de hurtos a los trenes. Las empresas están perdiendo mucho dinero.

Le responde la joven. Aún tenía el periódico en la mano.

A los minutos el granjerote comenta a la cocinera de cabello castaño.

-Dame el periódico por favor. Quiero leer sobre eso.

Con el asalto que reseñaba ese día el periódico ya iban siete en total.

El articulista describió como había quedado el tren.

-No están usando dinamita.

Comenta de nuevo Custer.

-¿A que se refiere?

Pregunta Raquel confundida con el comentario.

-Los bandidos no están usando dinamita como da a entender este artículo. Si la descripción es acertada, los bandidos están usando cañones militares.

Aclaró Custer.

-¿Por que no aceptó el empleo de sheriff? Con esa deducción puede hacer algo.

Preguntó de nuevo Raquel.

-Me gusta esta vida tranquila de granjero. Ver crecer el trigo, usar la regadora a vapor y la cosechadora.

Respondió Custer nuevamente.

El día cuando Custer llegó al pueblo de El Socorro, quería ser un desconocido, ser granjero le ayudaba.

El sheriff se decepcionó por la respuesta que le dio. Ni el alcalde pudo hacerlo cambiar de opinión.

Se convirtió en el distribuidor seguro de trigo para las panaderías y restaurantes del pueblo.

Era raro verlo en la junta de vecinos o en las reuniones del pueblo.

Pero cuando daba ayuda la gente se lo agradecía, siempre era en el momento oportuno.

A pesar de su taciturno carácter la gente tenía una buena impresión de él.

Raquel se marchó y Custer entró a su pequeña y cómoda casa.

-No creía que alguien lo hubiese encontrado.

Dijo para si mismo.

Una expresión de preocupación apareció en su rostro.

Su pasado de nuevo estaba molestándolo.

-Me cansé de correr. Esto se debe detener de una vez. De una buena vez.

Comentó para si mismo de nuevo.

Caminó hacia un cuarto en su casa. Rara vez lo hacía y cuando lo hacía era con una botella de whisky en una mano y una mujer en la otra. En ocasiones lo hacía para recordar su pasado.

Apoyados sobre dos trípodes yacían sus dos revólveres. Más de una ocasión pensó en venderlos. Buscando salir de forma brusca de ese tormento.

Pero sin lograrlo. Siempre se arrepentía última hora.

No podía negarse. Ya no.

Llegó el momento de dejar de correr y dar la cara.

3era Parte

Un anciano llegó al pueblo buscando a George Custer. Extrañamente ese día él estaba allí.

El anciano le dio el mensaje. Pero cayó muerto y todo el pueblo se sacudió del susto.

-Finalmente te vuelvo a ver. Mayor Custer.

Dijo el asesino.

-No sabía que los hombres de Johnny Oro aún estaban activos.

Respondió Custer desafiante.

Aplaudiendo y saliendo de uno de los locales salió el responsable de todo, Johnny Oro.

-De seguro Mayor Custer lleva sus fieles armas con usted. Pero le adelanto que le serán de ayuda en esta ocasión.

Le comenta Johnny.

-Sé que robaron a los cuatro soldados de hierro. Los deben de tener en algún lado. Su problema es conmigo no con esta gente.

Comentó Custer. Esperando algo de cordura de los cuatro bandidos.

Pero no fue así.

-Que la gente de este pueblo se entere de la calaña de hombre que eres Mayor Custer. Traicionaste a los tuyos, el bando Confederado. Solo por tener una vida sencilla después de la guerra. Deberías sentir vergüenza.

Dijo en tono ofensivo uno de los hombres de Oro.

Custer no soportó la ofensa. Sacó su arma y disparó acertando una bala en el pecho de aquel desdichado.

-Trae a tus juguetes Oro. Esto se acaba Hoy. Te doy unos minutos antes de que cambie de opinión.

Dijo Custer realmente molesto.

Raquel estaba escondida, viendo desde su ventana el panorama. Estaba asustada.

De repente tres gigantes de hierro entraron en el pueblo. Custer abrió su gabardina mostrando sus dos armas.

El Mayor ya retirado fue quien comenzó con los disparos. Pero sus balas rebotaban en el armazón.

-¿Eso es todo que tiene Mayor?

Preguntó Oro riendo.

De repente abrieron fuego las cuatro máquinas, fuego de metralla. Custer estaba solo ante esos tres bandidos y sin un plan que ejecutar.

Raquel sale de su escondite con una jarra de agua y unas balas para las armas de su amigo.

-Señor Custer, aquí tiene algo de agua y balas para que siga peleando.

Le dijo la joven mientras le acercaba un vaso.

-Gracias Raquel. No se que hacer contra esos monstruos de hierro.

Comentó entre hondas respiraciones el valiente hombre.

-Detrás del hombro izquierdo de cada máquina hay una chimenea que expulsa el vapor. Si la destruye el monstruo queda apagado.

Agrega la joven con una sonrisa.

-Eres muy observadora. Creo que es tiempo que saque uno de mis viejos trucos.

Dijo devolviendo la sonrisa  Custer.

-Hasta que al fin sale Mayor Custer. Le voy a sugerir que se rinda y acepte mi venganza.

Comento riendo Oro.

-En tus más salvajes sueños Oro.

Respondió Custer.

Había disparado. Pero su objetivo era otro.

-¿Qué demonios fue eso Mayor?

Preguntó Oro molesto.

-Mi viejo truco. Una bala y varios objetivos ¿Lo recuerdas?

Agregó Custer riendo.

La bala impactó en la torre de agua del pueblo pero rebotó y tomo una trayectoria hacia las tres chimeneas.

Los gigantes se doblegaron y cayeron al suelo pesadamente.

Los tres hombres fueron obligados a salir y el sheriff del pueblo los llevó a la cárcel.

-Nunca había visto un disparo así.

Comentó el sheriff impresionado.

-Es un truco que redescubrí gracias a una amiga. Por cierto el trabajo que me ofreció esta aún disponible ¿Cierto?

Preguntó el antiguo militar.

-Por supuesto. Sería un honor trabajar junto a usted.

Dijo el sheriff.

¿En donde está?

La estuve buscando desesperado, sin éxito alguno. En algún lado de ese pequeño apartamento debe estar.

Busco en mis bolsillos, sin éxito solo encuentro el cambio en monedas de baja denominación de mi viaje en bus hasta aquí. Busco en mi billetera, el mismo resultado, solo encontré lo que quedaba de suelo.

Recuerdo habérmela quitado, por un rato, guardado en un sitio. Quería olvidarme de las preocupaciones, del cumpleaños, de la soledad, de que me faltan cosas, de los libros por leer que tengo, de los pesares que me afligen y de lo mal que está el país.

Recuerdo haberla guardado, cuando subí al bus. No quería escuchar al loco de turno y sus razones que tiene para vender caramelos, bolígrafos en los buses. Tampoco quería escuchar la estridente música que impone el chofer, creyéndose soberano de una nación con cuatro ruedas.

No estaba de ganas para imaginarme una densa jungla y estar ahí como el aventurero, salvando a alguna chica, teniendo aventuras.

Busco en mi maletín. Espero que allí este. En vano, solo se hallaba los apuntes de mis estudios universitarios, algún cuento en garabatos, notas malas y buenas de exámenes.

La frustración crecía, salí de mi apartamento, buscando si el aíre me calma.

Dicen que así no se puede buscar las cosas perdidas.

Me siento en el pasillo, mi vecina me ve. Quiere hablar.

-¿Qué se te ha extraviado?- me pregunta mientras sale de su apartamento.

A lo que le respondo-No encuentro mi mente.

Juguetes Extraños

Una noche el pequeño Rafael no aguantó la curiosidad. Desde hace semanas había estado escuchando cosas extrañas en su armario, su padre y su madre habían abierto las puertas del mismo, sin encontrar algo. Quizás por el hecho de ser adultos, desde hacía tiempo ellos dejaron de imaginarse mundos con sus juguetes.

El pequeño esperó a la noche, que sus padres se entregaran al sueño, para actuar a sus anchas. Salió de las sábanas velozmente, decidido a satisfacer su curiosidad.

Su habitación se veía diferente bajo la luz de la luna, largas sombras se dibujaban hasta llegar al suelo, extrañas voces salían del armario haciendo eco leve en la silenciosa habitación. Hacía frío, estaba encendido el aire acondicionado, pero el aparato estaba generando un frío casi invernal cuando Rafael caminaba hacia su armario.

El trayecto le  extenso al infante. Se le olvidó colocar su linterna bajo su almohada, iba tanteando el camino el camino, usando como guía ese eco casi inaudible para llegar a su destino.

Con su mano derecha sintió la madera, y el eco se escuchaba un poco más fuerte, finalmente había llegado.

Con un gran esfuerzo abrió la puerta de su armario. Al abrir la puerta se mostró ante Rafael uno de sus viejos juguetes, un peluche llamado Señor Conejo.

-Finalmente has venido, Rafael, te hemos estado esperando.

Dijo el juguete tomando al niño por uno de los brazos y jalándolo hacía ese mundo desconocido.

El Señor Conejo llevaba de la mano a Rafael. El pequeño tenía como tres años sin verlo, desde aquel día que su madre le dijo que estaba “de viaje”, uno muy largo, después de aquel incidente con el hijo de la vecina.

Rafael no creía lo que veían sus ojos. Había un mundo dentro de su armario con todos sus amigos de felpa.

Rafael se sintió lleno de alegría cuando vio de nuevo a Coco el Elefante, el payaso Hugo y al Gusano Valiente.

El pequeño les preguntó quien había sido el responsable de su confinamiento.

Y la respuesta que escuchó no le gustó, los tres muñecos respondieron en coro.

-Tus padres fueron.

Rafael gritó lleno de furia.

Recordó las cosas. Cuando lanzó al hijo de la vecina por las escaleras después de una niñería contra el señor Conejo. La brutal paliza con la escoba que le dio a su tía cuando le quitó a Coco el Elefante de sus brazos. Las marcas de mordidas cual animal salvaje en el cuerpo de la profesora del jardín de niños cuando hizo lo mismo con el Gusano Valiente.

Un día él también fue confinado. Pero su mente lo bloqueó.

Siempre actuó como el inocente niño que una vez fue.

Rafael siente que se cae, que es jalado de nuevo.

Estaba sufriendo otro de sus ataques.

Un asesino que fue tratado desde pequeño. Sin darle una solución  al problema y a las habladurías en contra de sus amorosos padres.

Sus gritos rompen el silencio. Fue mala idea dejarlo una noche sin su camisa de fuerza y sin otra dosis de calmantes.

Era un caso.

La mente del niño aún conservaba la cordura a duras penas, mientras gritaba por ayuda.

Demasiado inestable para una cárcel o reformatorio, ideal para una institución mental.

En donde caminará entre napoleones,    personas que son dos en una, jóvenes que pelean contra sus hermanas difuntas.

Finalmente encontró un lugar al que pueda llamar hogar, sin dañar a otros.

Un ángel en mi apartamento 9 (9 de 9)

Finalmente entregué mi historia a tiempo para el lanzamiento de la revista. He recibido mis comisiones como guionista. Pero aún así la sigo extrañando. Ya hace tiempo que se fue, he perdido la cuenta. Ando apático, no tengo motivación para hacer algo en estos días, me he visto en la obligación de exigirme a mi mismo el salir a trabajar, escribir, y vivir otro día.

Y de nuevo María se siente preocupada por mi ¿Qué le pasa? Como todos los jueves viene a visitarme, a darme ánimos.

Quizás todo esta apatía se me quite si regreso unos días a mi pueblo natal, tratar de olvidarla, hacer ese esfuerzo sobrehumano para lograrlo. Debo aprender esa virtud que tiene mi hermana de ver algo bueno en todo lo malo.

Tocan la puerta, es María.

-Hola Julián ¿Cómo estás?

Me pregunta al verme. Se me hace difícil responder esa pregunta. Así que la evado con un comentario u otra pregunta.

-¿Quieres algo de tomar?

Ahí esta mi evasiva.

-Tengo que contarte una cosa Julián. De verdad no se como vayas a reaccionar. Espero que no te alteres conmigo.

¿Tiene algo que decirme? De verdad no me esperaba eso de ella.

Me cuenta que se encontró con Ángela y que hablaron seriamente, ambas fueron sinceras pero sintió que Ángela estaba haciendo algo que no debía hacia mí, que quizás por esa razón se haya marchado.

No respondí nada, ahora me doy cuenta que María desde un principio sentía algo por mí.

-Lo siento María no es mutua la atracción. Agradezco que me estés haciendo compañía en este momento.

Le respondí, pero cortésmente. Ella entendió.

Ya era tarde para enmendar las cosas, ya el mal estaba hecho.

María encendió mi computador mientras me acerqué  a la ventana a ver las estrellas.

De repente veo un objeto que esta cayendo velozmente en dirección al lago de la ciudad. Se dibujó una sonrisa en cara.

-María iré al  lago de la ciudad. Es recomendable que regreses a tu casa.

Le comenté.

-¿Qué pasó Julián? ¿Qué hay en el lago?

Me preguntó extrañada mi jefa. No entendía lo que estaba pasando.

De repente me sentí animado, vivo de nuevo.

-Después te explico. Por el momento de verdad me urge salir para allá.

Le respondí con mi sonrisa inmensa.

Quizás no lo haya entendido, pero regresó. Mi jefa es algo lenta para comprenderme. O es el hecho de que a veces no me comporto como lo haría uno de sus empleados.

¿Qué la habrá motivado regresar? Debo preguntarle, aunque mejor no ya que eso la haría sentir incómoda.

Le pediré un adelanto de mis vacaciones a María, quiero llevarla a ver mi pueblo, a conozca a mi familia y amigos. La llevaré a la playa de mi pueblo e iremos a pescar. De seguro mi perro se llevará bien con ella.

Ángela espera por mí que estoy en camino. Solo espero que no caigas en el lago y te estés ahogando.

No sabes lo feliz que me siento al saber que estas de nuevo a mi lado.

Un ángel en mi apartamento 8 ( de 9)

8

Pasó algo interesante mientras escribía.

Mis párpados comenzaron a pesar, el sueño me estaba ganando, afortunadamente el día siguiente lo tengo libre.

En ese momento tuve una pesadilla tras caer rendido al sueño en mi escritorio.

Había llegado a un amplio pasillo. Cada paso que daba se iluminaba el lugar. Al fondo estaba Ángela. Estaba llorando.

-Nos debemos separar por un tiempo.

Me exclamó soportando los sollozos.

No podía creer esas palabras dichas por ella.  Comencé a correr hacia donde estaba.

-No vengas por mí por favor,

Me exclamó nuevamente.

La luz se hacía mas intensa a medida que avanzaba. Comencé a preguntarme ¿Hice algo mal? ¿Qué hice para que se fuera de mi lado?

De repente que el suelo bajo mis pies colapsa y era cuestión de segundos que cayera.

Comienzo a correr detrás de ella, pero todo fue en vano.

-Ángela ¿Dime que hice mal?

Exclamé mientras caía.

Nunca me molesté con ella, es imposible, es la persona más dulce y amable que conozco.

Eres mas que una huésped en mi apartamento, mi novia, quería decírtelo ¿Fue eso que provocó tu partida, que te dijeran la novia de Julián?  Dime algo por favor.

Caigo, siento que me han cortado, tengo herida que comienzan a sangrar.

-Te causé muchos problemas. No quería, no era mi intención.

Escucho claramente su voz.

Levanto la cabeza. La veo caminando hacia una gran puerta de vidrio. Hay lágrima en sus ojos azules. Alrededor de ella hay otras personas, al igual que ella, tienen alas en sus espaldas.

¿No puede ser? ¿Te regresas al cielo? Sé que no puedo obligarte, pero por favor quédate conmigo.

-Nunca fuiste una molestia para mí. Por favor regresa.

Le respondo con lo que me queda de voz.

De repente vuelvo a sentir que me caigo.

Es una caída libre, el viento hace que mi cabello se levante y el roce con el mismo comienza a arder.

Me despierto de repente. Estoy nervioso, tengo sudor en la frente. Me caí dormido sobre el teclado del computador. Afortunadamente no le pasó nada a la historia. Pero hay que me preocupa.

Salgo de la habitación en donde tengo el computador. Llego al pasillo, un silencio absoluto.

Abro la puerta de mi habitación. Me sorprendo. No está Ángela. Ahora tengo escalofríos, corro a la cocina. No la encuentro. Salgo del apartamento  y me dirijo a la azotea. No está allí.

¿El sueño que tuve fue la despedida?

El cielo se tiñe de gris y comienza a llover nuevamente.

Realmente se fue y estoy devastado por su partida. No se que la motivó a hacerlo.

De nuevo solo en mi apartamento. Ahora no se que hacer con mi vida.

Subiré a mi apartamento de nuevo y esperaré al amanecer. Y pensaré con calma lo que tengo que hacer ahora. No puedo pensar en este momento como siempre lo hago.

Post Navigation

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 267 seguidores