El hotel Bahía Sur era toda una reliquia, un titán por su altura en días pasados y ahora es una edificación que no se compara con sus actuales hermanos en lo que ahora se conoce como “Distrito Hércules”, donde la renovada economía portuaria finalmente levantó cabeza.

En la habitación 7b, con vista al puerto pero casi inalcanzable hasta para las ventanas de los otros hoteles, se hospeda un singular personaje su nombre para los papeleos aburridos es el de Tony Duke, un hombre de estatura normal, siempre junto a su maletín y su teléfono móvil.

—Agente DX—86 se reporta.

—Me alegra escucharlo— respondió una voz desde el otro lado de la pantalla del comunicador táctil— ¿Puede decirme como estuvo su viaje?

—Tan tranquilo como siempre.

—Contraseña de seguridad aceptada— reconoció la voz, no se veía a la persona dueña de la misma solo las ondulaciones que generaba—, dígame agente ¿Listo para su próxima misión?

—Listo y decido aceptarla.

—Su misión consiste en localizar al renegado y vándalo apodado Alfa, se nos informó que puede estar de incógnito por la zona donde se ubica actualmente. Lleva consigo el ARZ, así que le recomendamos cautela.   Dentro de cuarenta y ocho horas deberá pasar su informe preliminar así como el informe de lo que necesitará para su misión. No proceda a detener al prófugo, espera por nuevas indicaciones.

—Entendido.

Tony Duke como le llaman sus superiores el agente DX86 es uno de los muchos operativos de “La Agencia” conocidos también como los “Maletines Negros”, un mero mito urbano para unos, un ramal del Estado Planetario que se encarga de asuntos que no deben salir a ala luz pública. Negada por cualquier Secretario de Seguridad y por los altos directivos de la Policía Planetaria, su lema es “En todos lados y en ninguno”.

Este singular personaje se hizo pasar por un vendedor de alfombras para los registros del hotel. Aunque era demasiado callado para ser integrante de ese gremio, según el criterio de Amanda Star la encargada de supervisar a los robots de limpieza del hotel.

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