Días después del incidente, Rose Kennedy Archer tenía un nuevo empleado, un joven lleno de energía a quien llamaron “Jackie” en honor  a la vieja mascota de la dueña.

“Jackie” resultó ser alguien muy particular ya que nunca dejaba su maletín, ni el cerrajero pudo abrir la esposa, siempre miraba constantemente a su alrededor y no le gustaba que se le aproximasen por la espalda.

—No hay nada mejor que un buen botones—comentó Rose a Michelle.

—Ha subido ya como doce maletas por las escaleras y nada que se agota— le respondió la recepcionista.

—Y llegó en buen momento, ya que Tom no ha dado con la falla del robot Carlos 82.

Tony Duke entró por la puerta, pero uno de sus bolígrafos se cayó al suelo al tropezarse con el nuevo botones del hotel.

—No se preocupe señor, aquí tiene su bolígrafo.

—Muchas gracias.

Aquella escena fue vista por Rose y Michelle, gracias a la misma siguieron hablando.

— ¿Qué opinas del vendedor de alfombras?

— ¡Gracias por recordarme que le llegó un paquete!

Rose salió corriendo a su oficina, vio el paquete sobre su mesa y salió precipitada a buscar a Tony.

—El huésped sigue aquí—le informó Michelle.

—Este paquete se lo envía su empresa.

— ¿Cuándo llegó?

—Anoche.

Tony tomó el paquete y siguió con su camino, Michelle y Rose retomaron nuevamente su conversación.

— ¿Te toca atender el bar esta noche?

—Si jefa, y creo que se necesitaré algo de ayuda.

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