“Jackie” se notaba distraído y en especial angustiado, su condición emocional le estaba afectando su desempeño laboral; justo el día en el que debía trabajar con Amanda. Engañar a Amanda no era fácil, mentirle a un actor no es asunto sencillo y más si se le ha hecho difícil conseguir empleo en su oficio.

— ¿Te sucede algo?— le preguntó Amanda rompiendo el silencio.

—No—le respondió “Jackie” nervioso.

—Puedes hablar conmigo del asunto— dijo en tono amable, buscando hacerle salir de la negación.

“Jackie” bajó las escaleras con el bombillo quemado en la mano izquierda.

—Y ¿tu maletín?

—Ya sabes lo que me preocupa— respondió el empleado.

Amanda sabía poco de lo ocurrido la noche anterior, los rumores de pasillo no habían llegado a ella. Maquinó velozmente algo que decirle al decaído compañero, aunque tenía que apelar por su pasado.

—Sabes, te comprendo bien. A mi me robaron en esta ciudad, no fue la gran cosa, una chaqueta.

— ¿En serio?— comentó sorprendido “Jackie”— de verdad que mal. Pero ¿Qué había en la chaqueta?

—Recuerdos, algo de dinero y una memoria portátil. A la final logré recuperar la memoria portátil, los recuerdos siguen en mi cabeza.

—Y ¿El dinero?

—No, pero gracias a ese infortunio me pasó algo bueno.

— ¿Qué te pasó?

—Me dieron empleo aquí. A lo mejor tu maletín reaparece y con la mejor de las suertes, con todo su contenido.

“Jackie” estaba esperando a Tom y la hora del almuerzo. Quería saber el origen de su prótesis letal y quizás como llegó eso a él. Pero quería ayudar a Amanda pero no sabía como. Después de esa conversación, se sentía mejor.

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