“La peor porquería llevada a la pantalla del cine. De seguro el estudio como la autora del libro deben estar disfrutando de las regalías que el marketing les puede ofrecer ¿A quien le importa la calidad, las buenas actuaciones, el hecho de vender una relación entre una chica sarcástica y un vampiro con complejos de inferioridad y de Edipo que busca con urgencia una relación de dependencia emocional? Si es así la película, no me quiero ni imaginar como es el libro”
Esas fueron las palabras que usó en la columna llamada “Gotas ácidas en la pantalla del cine”. Aunque usó peores en el artículo, creo que se le puede decir así, que escribió en su blog. Y no dejo de estar de acuerdo con su hermana, como crítica literaria sería peligrosa, o peor.
Desde ese momento, una tal “Reina Vampiro 12” le dejó comentarios poco halagadores para decirlo de forma aceptable, algo muy normal en estos días y que, por alguna extraña razón, la policía no puede intervenir en este tipo de asuntos. Además ¿Las amenazas de golpes desde cuando son consideradas? Los golpes no se anuncian, se dan. Profundas palabras de mi hermano.
Eso unido al hecho de que Glenda no podía dar una descripción del responsable del secuestro de su hermana, seguía en shock por el asunto, me daba campo para actuar. Un campo demasiado amplio en donde actuar a mis anchas.
Glenda facilitó una lista de las más cercanas lectoras de su hermana, así como daba a conocer sus direcciones y el nombre de sus padres. La lista era tan corta como mi repertorio de chistes sobre beisbol.
Un amigo de mi hermano, el agente Baker, se ofreció en ayudarme. Y decidimos ir a visitar, a pesar de la hora, a la primera chica de la lista, Marie Castle.
— ¿Alguna razón por la cual comenzaremos por la número uno de la lista?— me preguntó Baker.
—Quizás sea la más cercana a Dorothy, luego de su hermana claro está. Puede que nos de una pista que nos facilite el asunto—le respondí.
—Creo que me tendrás que dejar hablar.
— ¿A que debo ese honor?
—Dime una cosa, si fueses un padre de una niña que se ve con una periodista con talento pero mal ubicada laboralmente ¿Le abrirías las puertas de tu casa a un detective privado que solía ser comediante?
Baker tenía un buen punto, de nuevo mi faceta como comediante hacía que no tomasen en serio.
Fuimos de inmediato a la dirección donde vivía la joven Marie. Era una casa de dos plantas, bastante clase media.
Luego de tocar el timbre, una mujer de medina edad nos recibió con estas palabras.
— ¡Por favor no me arresten! Por error tomé la pluma del oficial de tránsito, cuando la encontré, nuestro perro la mordió dejándola en mal estado ¡Es la verdad!
—No venimos por eso señora Castle. Queremos hablar con usted y con su hija.
Aclarado el mal entendido, la señora llamó a su esposa e hija a la sala.
—Buenas noches, soy el agente Baker y él es el detective privado Kevin Clancy. Venimos a hablar con su hija sobre el secuestro de Dorothy Miller.
—La verdad es que no pude asistir a la reunión cuando secuestraron a Dorothy. Estaba estudiando para un difícil examen de trigonometría—nos dijo de una vez la joven Marie.
—Lo certifico, a mi me tocaba llevarla ese día—comentó el padre de la joven—, verán, mi esposa no puede conducir por el momento. Y con esto del secuestro es mejor no salir.
— ¿Quieren algo de beber señores?—preguntó la dueña de la casa
—Café—respondió Baker.
Sentí como si me estuviese dando el turno para hablar. Ordené mis ideas rápidamente y esto fue lo que me salió.
—Señor Castle ¿Qué opina que su hija se reúna con una columnista?
—Al principio no me creí ese cuento, ya sabe con tanto loco suelto. Pero Dorothy resultó un buen ejemplo para nuestra hija. Y es algo innovador lo que hizo.
Fue la respuesta del señor Castle. Luego le hice la misma pregunta a la joven.
—Ella me motivó a crear un periódico en mi instituto. Me hizo ver que no hay nada de malo en opinar. Aunque se lea como una persona muy ácida en sus críticas, en persona es muy amable.
Hasta ese momento, todo normal.
— ¿Notaste algo extraño en alguna reunión?
Marie quiso responder, pero su madre se le adelantó.
—En una reunión noté algo raro. Recuerdo que la llevé, ya que mi esposo le tocó trabajar ese día. Una muchachita llegó, así como si nada. Trataba al resto como sus amigas de toda la vida. Y no parecía la hermana o prima de las otras niñas.
— ¿Puede explicarse mejor?
—Verá, siempre fuimos las mismas personas a las reuniones. Hasta que apareció esta chica rara. Creo que deja en otra escala a mi prima segunda canadiense Sarah—matizó la joven.
— ¿Algo que resaltar?
Hubo un silencio. Señal que el indicio estaba por llegar.
—Dorothy nos habló de la película “Medianoche” y eso emocionó a la chica rara. Recuerdo que dijo que fundó el club de fanáticas de la franquicia. Pero bruscamente se puso loca, histérica cuando Dorothy dio su opinión sobre la franquicia.
Sorprendente, realmente sorprendente. Pensé que los fanáticos de las Guerras de las Galaxias no creían en el vampirismo. Aunque mi primo Dylan, un gran seguidor de la saga espacial, ya no reacciona así, hasta donde recuerdo ya no pide que lo llamemos Gran Maestro Jedi.
—Hasta tuvimos que llamar a la seguridad del parque para sacar a la muchacha—comentó la madre de la joven—, tuve que hacerle una llave de judo para inmovilizar a la loquita.
—Inés es maestra de judo, aunque no lo crean—matizó el padre.
— ¿Alguna seña o característica particular de la joven?—pregunté nuevamente.
Y la respuesta no se tardó. Aunque me sorprendió un poco quien me la dio.
—Unos 1.75 metros de altura, entre setenta y ochenta y cinco kilos, un poco gordita, no tiene una buena condición física, cabello negro aunque descuidado, blanca y con pequitas.
Esa detallada respuesta la dio la señora Castle.
—Muchas gracias y disculpen las molestias—dijo mi compañero—, y no se preocupe por la pluma del agente de tránsito señora Castle.

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