Le recuerdo al lector que estas líneas son en broma, nada es en serio. Son todas, un intento de comedia del autor, aunque intentando hacer pensar al lector.
Al pasar por las mesas ubicadas al frente de una heladería de uno de los centros comerciales más concurridos de la ciudad ya no ves a los entusiastas muchachos que organizaban “el primer gran evento nacional”, desde hace tiempo han dejado ese lugar para el uso de otro tipo de reuniones y otro tipo de personas; lo mismo ocurre con ese sitio público donde se reunían los integrantes de ese proyecto que quería marcar una diferencia entre los otros grupos, la manada de lobos se disolvió y aquellos que consideraron como los salvajes y bárbaros sucumbieron a la adultez también.
Una vez escuché una frase a uno de los “peso pesado” de uno de esos grupos la frase “el conflicto era innecesario” y más razón no pudo haber tenido. Pero si bien era innecesario, fueron sus secuelas las que dieron origen a la situación actual. Convenciones mas sustentables y honestas en la urbe llegaron para quedarse, logrando cosas que nadie hubiese creído en los días pasados. Aunque sería un ingenuo creer que las luchas por reconocimiento siguen allí, pero al menos los desinformadores de oficio (como muchos me consideraron) se han callado, las eternas guerras de insultos de otros blogs se han calmado y quien sabe hasta cuando o ha sido un logro.
Pero sorprende ver como algunas cosas se mantienen, como que se siga haciendo la peor convención a nivel nacional, que unos sigan defendiendo a una convenciones que parece que decidió marcharse del país, las luchas por poder sigan presentes y que ahora sus escenarios sean las redes sociales. Es un paso para adelante y dos para atrás. Pero lo de los grupos ya parece cosa del pasado, algo que no funcionó en el pasado y que, al menos a mi parecer, es algo que nadie quiere revivir.
No es para menos, nadie quiere revivir las espectrales proyecciones de animados japoneses en la cadavérica cinemateca nacional, nadie quiere más encuentros en el museo de arte contemporáneo de la ciudad, nadie quiere de nuevo un grupo que se reunía en las cercanías de los puntos de reunión de los otros y si bien los bolsos llenos de chapitas aun siguen presentes, parecen que desean otras cosas a pesar de que se siguen comportando igual.

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