Seamos honestos más no ingenuos, creo que los que hoy escriben de la saturación de eventos en Venezuela, son los mismos que reflexionaban tiempo atrás sobre la baja calidad de los animados japoneses actuales; pero para mi, esto no es más que la repetición de ciertos sucesos (a pesar de la crisis nacional en ese sitio malvado llamado Mundo Real) que se dieron en días pasados.
2015 se ha perfilado como el año donde las convenciones y sus organizadores tendrán otro asalto para medirse en este rio revuelto, el regreso de “la única convención que es capaz de superarse a si misma” defenderá su título contra la “malvada” de las tres “C”, mientras esperan su turno en el ring quien fuese la peor convención a nivel nacional y el resto de los contendientes, generalmente convenciones en la capital, mientras que en el interior de la nación las sagas, asumo yo, estén por comenzar nuevamente. Aunque el año pasado me enteré que Anime Fest  no hizo su acostumbrada segunda entrega.
No digo que sea malo tener un hobby, pero desde hace tiempo se está haciendo evidente que ciertas personas quieren unirse al tren de sacarle dinero al enjambre otaku criollo y si somos honestos, siempre veremos a los del enjambre en todas las convenciones posibles; no nos hagamos los tontos en este asunto. Además, para unos es muy bueno hablar de una convención (que te permite entrada preferencial entre otras chucherías) pero oh, las cosas de la vida, es mejor censurar y tildar de agresor contra la libertad de expresión a quien difiere, a quien cree que era evidente que entre tantos pescadores, los hilos de las cañas se iban a cruzar tarde o temprano. Por mucho que quieran venderse como imparciales, pareciera que buscan las mieles de la polémica de días pasados, tristemente, hasta sus viejos enemigos lograron silenciarlos por un buen tiempo.
Quizás se lea como doble discurso, pero es tiempo de que la afición deje de seguir al flautista y a cuanto organizador con lengua de plata, de dejarse engañar por los afiches vistosos llenos de los personajes de moda y pedir, al menos un poco, más de calidad y menos cantidad de convenciones. En realidad, si hay algo que aplaudir a estas personas, es que han podido seguir y conseguir locales a pesar de toda la famita que se ha ganado con los años el enjambre y con las estrategias más baratas han logrado seguir llenado sus convenciones.
Pero es el mismo patrón de comportamiento del asistente, el que apela por “quiero una convención más cerca de mi casa, con entrada gratis pero que me ofrezca lo mismo que una de entrada paga”, es volver a jugar al desastre y a darle carta blanca a los que llenan de botellas de cerveza las cercanías de donde se realizan estas cosas; pero como pocos vemos estas cosas, solo nos queda escribir sobre el tema.
Ciertamente esto de pedir que el enjambre cambie su actitud ante las convenciones, es algo un tanto imposible, ya que en sus mentes “son contadas las convenciones en el país” es un argumento arraigado desde quien sabe cuando es momento de que se haga un reflexión de todo lo bueno y malo (en caso de que lo vean) de los que unos consideramos un ciclo repetido y otros, saturación. Seamos francos, el enjambre no es todo el país, no hay tantos aficionados en la nación como siempre se ha creído y es en la capital donde ocurre todo, el resto del país tímidamente tendrá algo que decir en esta situación.

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