Todos en Venezuela tienen un familiar o conocido en las filas del ejército o en la guardia nacional y no es secreto para nadie que la opinión de todos los venezolanos con respecto a las “instituciones” ya mencionadas ha cambiado mucho con el pasar de los años y más recientemente con la llegada de “la segunda independencia”.
En mi ultimo año de bachillerato recuerdo que había un muchacho quien se ganó una beca para estudiar en el exterior, pero quería formar parte de la guardia nacional y había el rumor de pasillo que declinaría la beca para ingresar a ese “cuerpo de seguridad”, unos si adoptaron la vida militar y muchos otros más querían hacerlo. Tendrían sus razones para tomar ese camino, aunque unos si cumplían con el perfil de lo que anda buscando el ejercito de Venezuela. Gente molesta y resentida.
Creo que en todos lados siempre hay un resentido, uno que (como cosa rara) culpaba a terceros cuando las cosas no le salían como quería, que exaltaba a los guerrilleros revolucionarios pero era incapaz de aceptar que estaba equivocado y, sin importar el género, insultaba a quien quería. Y por si acaso, no soy yo.
Y llena de ese tipo de personas está llena esa rama del Estado que debería proteger a los ciudadanos, de gente que no les importa salir y agredir a los demás ya que para eso le están pagando y los están formando. Es una realidad, que por mucho, traten de esconder se hace evidente; para estas personas es la forma de “hacer justicia” entre otros extraños argumentos que solo ellos comprenden. Es un cuento parecido al de la venganza de los nerds, pero con “víctimas” uniformadas y golpeando a personas que nada tienen que ver en los sucesos pasados de quien lleva la mandarria.
Y con los recientes privilegios que han recibido los militares venezolanos, como un aumento en sus sueldos y canales de la caja idiota (entre los privilegios “legales”) demuestra algo más que el simple aprecio que le tiene el gobierno del sucesor a esta gente.

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