Iba a escribir sobre el regreso de las fallas del servicio eléctrico criollo, la reciente medida del ejecutivo nacional en reducir la jornada de trabajo en la administración pública, el abismo social y económico en el que está metida Venezuela, pero de seguro sería un pecado para cierta parte de no solo la población venezolana sino también mundial y muy en concreto española. Al parecer, Venezuela es vista como una Utopía en el sur de Europa y cualquier opinión contraria a tal es vista como un acto de traición. Por cierto, si un monedero quiere mi ciudadanía con gusto la cambio por la española y extiendo una pregunta ¿En que Utopía hay fallas en los servicios públicos más sencillos como el eléctrico o el de la seguridad? No importa “cuantos derechos políticos ha ganado el pueblo” si vive a oscuras (incluso intelectualmente) y con el miedo de ser asesinado por el vecino.
Iba a escribir sobre el cambio que decidí tomar como profesional en esta cosa llamada la administración comercial, pero no soy quien para contarlo y no tengo lectores para…bueno “maravillarse” por tal medida, a la final es siendo algo muy personal. Aunque lo único bueno del asunto, fueron los segundos en donde el grupo de amigos le dimos apoyo al muchacho; a pesar de los vetos y epítetos compartidos, de vez en cuando sale a relucir las viejas costumbres.
Iba a escribir sobre la agresión que padeció un amigo, muy lejos de mi alcance. Pero sería tocar un tema del que muchos saben pero que si algunos han decidido tomar acciones, no han dado los mejores frutos. Cosas que le pasan a los nómadas y mezclado con cierta prenda de vestir muy asociada con las mujeres.
También quería escribir sobre la más reciente prueba de que la animación nipona anda con respirador artificial, el mentado “final” de la telenovela de ninjas y el regreso no solo del monito peleador sino de los bailarines dorados de cierta serie también añorada por unos, me dan algo de base para decirlo; pero, al igual que pasa con criticar a la utopía venezolana obrera, te tildan de hereje. No solo en Japón le están viendo la cara de tontos (para ser amable) a algunos que se creen una mayoría y no ligada a la sociedad donde viven (pero que usan las mismas tácticas de segregación del mismo objeto del que se quejan) sino que los organizadores de los saraos donde regularmente se les ve, también les sacan algún que otro centavo. Y si han leído en días recientes esta cosa, puede que con esto me contradiga, pero espero que a la altura en la que salga publicada esta aglomeración de letras, tal ciclo de comentarios ya haya finalizado y reitero una cosa, el hecho de que no me gusten las obras “más representativas de la animación nipona” no implica que deteste esa industria y esa cultura.

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