Comienzo preguntándome ¿De que le ha servido a Venezuela tener las reservas de petróleo pesado y extra-pesado más grandes del mundo (entre otras riquezas naturales) si es normal ver calles rotas, escuelas mal equipadas, paupérrimas escuelas publicas y deteriorados seguros y hospitales? ¿De que le ha servido a la “cuna de libertadores” haber ganado tantos concursos de belleza femenina si hay evidentes problemas de alimentación dentro del territorio? Y ¿De que ha servido el legado político de un militar convertido en atracción turística, cuando ha dividido a los venezolanos y a los propios ciudadanos que dicen mantener tal legado vigente?
Mamertos nacionales e internacionales de seguro estarán poniendo a trabajar sus suprarrenales en la producción de adrenalina y preparando sus dedos para la cascada de insultos; ustedes se lo buscaron al leer esto, así que los chistes son a costa suya.
Buena parte de los políticos de oposición regresaron al discurso de cambiar al gobierno, cuando el problema real son los ciudadanos, ese que cree que sus gustos musicales y estar con el volante de la derecho a poner la música a todo volumen, ese que justifica su lanzamiento de basura a la calle ya que así le da trabajo a otro. La amabilidad del venezolano es una falsedad, ya que se quieren tomar el brazo completo cuando le das la mano.
Cualquier funcionario público que implemente algún programa social, que a la final deriva en algo peor, es visto como el salvador y redentor de los pobres, el Robin Hood de los días actuales. De eso hablaba el libro del buen salvaje al buen revolucionario y de seguro nadie prestó atención, al igual que el responsable de la frase de sembrar el petróleo.
Me arriesgo a decir que el mal ejemplo es el que mejor funciona entre los venezolanos y si refuerzan los mitos ya conocidos de miss, petróleo y algún legado político (anteriormente Bolívar, actualmente el comandante sideral), con algunas medidas populistas, algún que otro regalo electoral y siempre decir preocupación por la cultura nacional, no habrá nada que no puedas hacer como funcionario público, en “nombre del pueblo”.

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