Hago un paréntesis en mis constantes diatribas sobre la política de mi país, para tratar de abordar otro tema, aunque de seguro muchos pensaran que estoy apelando por el doble discurso cuando lean con profundidad estas líneas.
Cada día que pasa, creo que las teorías del aislamiento, alienación así como el individuo que no distingue de la ficción y de la realidad expuestas por el sub-género subversivo de la ciencia ficción llamado CyberPunk están cada vez más presentes. Como si no hubiese muerto del todo.
He vivido en carne propia escuchar largas narraciones de amigos y cercanos sobre sus andanzas en los juegos de rol masivo de la internet, tópico que se volvió recurrente en esas reuniones, es normal ver a un grupo de amigos que hablan poco pero como les encanta subir fotos de lo que comen a las redes sociales, es normal verlos escondiéndose de esa persona con quienes voluntariamente se reunieron detrás del teléfono inteligente.
El crimen cibernético dejó de ser un recurso literario para convertirse en una realidad, para algunos es más importante su avatar en los múltiples juegos masivos y redes sociales que la persona a la que tiene al lado; el uso de la tecnología se ha impuesto como credo libertador en la humanidad que cada día se acerca un poco a los que tiene lejos, pero se olvida a los que tiene cerca. La distopía comenzó cuando una generación pasó más tiempo con la caja idiota y un computador que con su familiares y amigos, los aparatos electrónicos sustituyeron con su habitual eficacia al contacto humano así sea para algo como llamar la atención o aplacar el mal comportamiento. Si hasta ahora estas personas que juegan apasionadamente en los ya mencionados juegos, se les catalogan como una variante nueva del atleta. Una variante cuyo esfuerzo físico se limita a unos dedos tocando unos botones.
La frase “cuanto tienes, cuanto vales” mutó en “cuantas cuentas en redes sociales y juegos tienes, cuanto vales”. Las grandes empresas del entretenimiento serán las que se convertirán, en algún momento u otro, las que gobernaran el mundo como decían que lo harían las empresas de farmacéutica, armamentista y médica en los relatos del CyberPunk. Los marginados no serán los grandes jugadores o usuarios reconocidos de redes sociales y juegos de rol masivos, serán los que pocas redes sociales usen y aún tengan algo de humanidad en ellos.

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