Ellos y Nosotros


El doctor Ramiro no podía dormir, desde hacía tiempo que la siesta nocturna lo evadía. Como a muchos científicos, la jubilación le había sentado fatal, no era para menos, alguien de su calibre podía seguir haciendo algo en utilidad para la comunidad y para la Hermandad de Instrumentalización. Los años dorados como asesor de nuevos científicos, aun los sentía lejos.
Pero esa noche, quería retomar su polémico experimento, el cual quedó inconcluso en muchos aspectos. Mientras caminaba, recordaba con amargura los hechos que lo llevaron a su temprana jubilación, la polémica que causó en el Parlamento cuando los partidos de oposición dieron a conocer los experimentos que la Hermandad de Instrumentalización estuvo haciendo con esa raza de simios que apenas podían hablar y que poco se parecían a sus parientes.
Cuando el asunto explotó, el doctor Ramiro vio truncado repentinamente, lo que consideró su gran obra. Era de esos que pensaba que en algún momento, si esos simios fuesen la especie dominante, su gente seria la víctima de sus experimentos, ellos no tenían de su lado a la instrumentalización; ellos no parecían tener intereses en cosas elementales como escribir y hablar.
Como defensor de la instrumentalización y partidario de la casta conservadora, se decepcionó mucho cuando sus congéneres no entendieron al argumento de “ellos y nosotros”. Las ratas debían seguir como la superioridad intelectual, no ablandarse por tonterías.
Al abrir las puertas de su laboratorio, se llevó una terrible sorpresa; aquel lugar ya no albergaba la ciencia, ahora era sede del caos primitivo, ese del que leyó en los libros de la Hermandad.
Allí ya no estaban sus dos sujetos de prueba, había cuatro, llenos de furia; los otros dos, si bien aún podían caminar y ver que les faltaban dientes, a uno le faltaban dedos en sus extremidades superiores. Pero lo que lo aterró fue ver que en su salvajismo, habían llegado a una etapa que ya sabían que no podían andar desnudos.
Finalmente había dado con el paradero de dos de los sujetos de prueba de un colega suyo y que sus dos sujetos de prueba, esos que escondió de las autoridades, los habían ayudado a mantenerse con vida.
En pocos segundos, el doctor Ramiro fue la víctima en un experimento muy conocido por dos grupos, depredadores y presa, ellos y nosotros.

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