La mal llamada afición sobrevivió lo que pudo ser un buen rato sin el magno evento del manga y anime, así mismo comenzamos la temporada de lo que es un cronograma criollo sin la insuperable avalancha.
Un ídolo con pies de barro eventualmente es reemplazado por otro, aunque la lista de «convenciones» pasadas a mejor vida sigue creciendo, todo indica que esa idea que la gente mencionada tenían de que todo iría a peor sin ellos, les faltaba argumentos para sostenerse.
Claro, no todo debe ser optimismo sin sentido, ese peso muerto fue parcialmente superado, pero siguen otros aferrados y sin señales de que se los quieran sacudir.
Es algo cuestionable todo lo referente a los muchachos dejados a su suerte en el centro norte de la ciudad jardín, que de la nada la ciudad cuente con el número de 10 bochinches y apenas dos con algo de recorrido y que nuevamente la saturación y la mentalidad de sentirse al margen de la colmena siga presente, cuando poco a poco ha abierto puertas.
Claro, hay muchas cosas que están jugando en contra y desde hace tiempo; pero según las malas lenguas capitalinas, se hizo evidente que la colmena ya no tiene ese poder monetario y de convocatoria, que al menos allá, se busca llamar a otros para tener boletos vendidos. Pero las cosas no han concluido y siendo honesto, esta tendencia tenía rato sonando, sólo que el embrujo del dinero friki aún tenía relevancia.
En lo personal, creo que la noticia de la demanda y sus efectos en el Osecon y el eco que se tuvo con los sucesos en Maracay tuvieron un éxito moderado, en una afición que camina hacía adelante y hacía atrás al mismo tiempo.

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