No sé si esto sea un contrapunto a otras líneas un poco optimistas que escribí y que de seguro, caerá en ojos ciegos. Pero, a pesar de que lo que hago es esperar que una pared me responda, no pierdo nada en decir todo lo que debo decir al respecto del presente tema.
Si bien unos deben preguntarse ¿Acaso no te cansas? ¿Acaso que opinión de peso debe emitir alguien que a cada dos por tres dice que se encuentra alejado de la movida y que siempre se mostró como un crítico? Posiblemente, tengan mucha razón, pero esto que hago va un poco más allá de las quejas y de los pequeños momentos de optimismo que, en los últimos días he tenido.
Si bien es cierto que hay otro clavo en la tumba del Osecon, el difunto se niega a usarla, así que no importa mucho el asunto que si un torneo de cosplay cambia de sede o si la asistencia fue la peor que ha tenido o si la administración del mencionado ha cambiado; no importa que convención se está sentando en el trono del rey, todo lo que realmente importa sucede como siempre en la capital del país. El resto de las provincias sucede cosas en menor escala que poco o nada repercuten en sus habitantes o en esa masa mal llamada afición.
¿Cuánto tiempo no ha pasado desde que la gente del magno evento del manga y anime criollo dijeron que regresarían? Tanto el mencionado anteriormente como la insuperable tuvieron el mismo gran problema, ambos se consideraron como los dueños absolutos de algo que, en realidad, no tiene dueño. Por mucho que escriba sobre la colmena y de sus Césares, hay un margen de pensamientos libres en ellos, por mucho que se sepa que visten y actúen igual. Por mucho que se hable de progresos y de pasos hacia adelante, no se logrará mucho ya que unos combaten la falta de tolerancia con más falta de tolerancia.
Se pueden tener accesos a la televisión regional y se aplaude, pero si se mantiene el discurso de afición poco divulgada, me parece una hipocresía como una catedral rusa, cuando se unos hablan sin fundamento alguno sobre otras cosas que complementan el gusto por la cultura nerd que sale del Japón. Quizás, por eso, por esa misma falta de tolerancia se le asigna epítetos a los que, como yo, no ven con buenos ojos ciertas obras salidas del país del sushi como el ninja rubio llorón o los monitos peleadores. Se habla de disfrutar con alegría una afición, pero si se ve alguien que opina medianamente diferente, que dice que la industria japonesa de animación anda con respirador artificial, alguien que difícilmente disfrute como antes los eventos sociales pues se le tilda de “parcializado”. Y eso, en el mejor de los casos.
Entonces ¿Qué se puede espera? Como lo he dicho, no mucho. Pasos hacia adelante y hacia atrás al mismo tiempo.

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