Ha pasado mucho tiempo desde que escribí sobre ese delicado tema que es el nacionalismo. Pero han pasado muchas cosas desde ese día y actualmente debo decir, mi opinión ha cambiado.
Si se revisa la historia de la cuna de libertadores, un número interesante de los “ciudadanos” más reconocidos han muerto o han terminado lejos de su tierra natal. Próceres del tamaño de Simón Bolívar, el General Páez y el ilustre Francisco de Miranda (entre muchos otros) engrosan la mencionada lista, así como el hecho más reciente que se vive una especie de diáspora.
Las motivaciones son muchas, cada venezolano en el extranjero considera las suyas como las marcaron ese punto de inflexión en el cual abandonan ciertas “libertades” como irse a la playa, poner su vehículo en la orilla acompañado de música a todo volumen, la famosa viveza criolla, tocar la corneta, beber cerveza mientras conduce entre otras como parte de lo que deja atrás (al menos, en teoría)
Al principio me pareció algo fuerte leer cosas tales como las palabras que dijo el criollo más ilustre llamado Francisco de Miranda relacionadas con el bochinche y el temprano gusto de los suyos por el mismo, que en sus delirios de fiebre el bajito conocido como el Padre de la Patria decía que su propio país no tenía salvación pero si ellos, hombres muy de su época, ya vieron lo que estaba por llegar a Venezuela ¿A qué se debe que al sol de hoy este asunto se siga mal llamando República?
Es triste ver gente que recuerdan más a un guerrillero racista, con una clara condición psicológica, que abiertamente dijo que le gustaba matar a los demás que personas que han hecho más por la nación como un Rómulo Gallegos, un Úslar Pietri y más recientemente un Jacinto Convit. Y lo que da risa de todo el asunto, como se han estado llenando la boca sobre el apoyo al talento nacional.
Si hay palabras con las cuales han estado asociando a la cuna de libertadores en días actuales son populismo y caudillismo. Palabras con las cuales yo no me siento identificado, no le encuentro sentido al hecho que la gente se sienta tan atraída hacia al que fuese en días pasados la figura del gritón del salón, al que siempre asociaban con los famosos conflictos entre los muchachos que se remiten a los golpes y que siempre promete comportarse cuando se le sienta después de un gran escándalo.
Y vengo a reiterar lo que he dicho con anterioridad, la viveza criolla no nos ha llevado a ningún lado, mucho menos el hecho de que cada año, se pone en cargos públicos personas que se comportan como caudillos, como el marido que abusa física y mentalmente de su esposa. Yo no entiendo de qué le ha servido al país tantos reconocimientos en concursos de belleza, cuando hay tantos problemas en la educación, no comprendo de que nos sirve tener tanto petróleo negro si no se ha querido entender que hay que diversificar los ingresos de la economía nacional para evitar los problemas relacionados con la baja en los precios del mencionado recurso natural y de que nos ha servido vivir en “la tierra de gracia” si sus propios habitantes no cuidan el suelo en donde viven.
Debo ser honesto, no creo que vaya a pasar algo significativo en las cercanas elecciones en Venezuela, dudo que sirva de algo el hecho que la popularidad del actual presidente se encuentre menguando, solo le bastará a la maquinaria electorera repetir que todo los “logros” son del pueblo y que deben votar en honor al comandante sideral y de nuevo la mal llamada oposición quedará como novia de pueblo.
Así que, no es raro que en el preciso momento actual, ese extraño sentimiento de sentirme extranjero en mi propio país de nacimiento siga más presente que nunca. A riesgo de equivocarme, eso fue lo que, en su momento, sintieron muchos venezolanos. Al verse no identificados con el resto de los que se suponen sus coterráneos, prefirieron mirar hacia otros horizontes mientras se hacían muchas preguntas, pero entre ellas ¿Qué estoy buscando tan lejos de casa?

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