El cuarto libro de la serie, es a mi parecer, el más crudo hasta el momento. Desde samuráis llevados a la pobreza a criminales alzándose en armas, aquí la espada del verdugo no tuvo clemencia alguna, por mucho que quisiera tenerla.

Las historias de los extremos, es decir la del comienzo y la del final, me parecieron las más fuertes en todos los aspectos, tanto gráficos como en su argumento. De verdad, que una paz impuesta a la fuerza y que empobrece a unos no se le puede considerar como tal. Pero no todas las historias contenidas en esta entrega fueron fuertes, la historia de la chica que vendía paja para sombreros y su relación con la próxima victima de Asa, te toca una fibra.

Esta entrega marca, a mi parecer, un contraste bien interesante en, lo que hasta ahora, he leído de la serie.

Comentario final

Una cosa que me ha impresionado bastante de la serie es como ha sabido captar el ambiente histórico en el que se ambienta, más allá de lo que en occidente creemos que es lo habitual de una historia de samuráis. Considero que es una buen cambio, considerando que el protagonista es un Ronin (mucho antes del popular colega suyo que tenía una cicatriz en la mejilla) y el macabro, pero necesario trabajo que tiene.

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