Previo a la Reseña

La serie que reseñaré después del presente texto previo, es una de esas series que conocí por las revistas españolas. Primeramente con un número, que de seguro regalé, de Más Manga y posteriormente con el especial de Dokan dedicado a esta obra. A pesar de que la pasión por el anime y las convenciones hace rato se fueron en mí, la duda de saber si la serie animada llegó a la televisión criolla se ha mantenido desde aquel día que leí sobre Kyosuke y el triángulo amoroso en donde se encontraba.

Originalmente tenía pensado volver a leer el número especial de Dokan, pero deseché la idea por unas cuentas razones. Gran parte del argumento lo conocería de primera mano y aquel misticismo que aquellos articulistas decían que tiene la obra sería olímpicamente evitado por mí. Debía conocer ese algo tan especial de la historia sin pista alguna, tal como lo hicieron esos articulistas a los que trato de emular aquí en mi blog.

La mencionada serie es de esas obras que dejaron una profunda marca en las personas que la conocieron de primera mano; cuya experiencia nutrió a otros, incluso más allá de los mares. Posiblemente, esas personas opinaran que no le haré justicia a la obra del artista Matsumoto Izumi y les doy toda la razón.

Mi justificación, bastante pobre, es la siguiente. Si bien muchas series del Japón marcaron a sus espectadores y lectores, soy de los que opinan que el monito peleador y el niño con armadura de burro volador son ídolos con pies de barro, que solo son recordados por la sangre y violencia y lo más cercano que tuve a un drama sobre personas de mi edad, fueron aquellas acartonadas telenovelas juveniles que (irónicamente) recuerdo con risas.

Esto no justifica que sus recuerdos anaranjados sobre ese trío de enamorados y la famosa escalera donde comenzó todo, sean destruidos por mí, alguien ajeno  a sus horas viendo o leyendo a estos tres. Y tampoco soy quien para argumentar por su autor, pero creo muy fervientemente no le molestaría tener otro admirador.

La reseña como tal

Todo comenzó después de una mudanza, la familia de nuestro protagonista llega a una pequeña ciudad, en donde se llevará todo el asunto como escenario; contando los escalones de un parque y por un sombrero que salió volando por el viento el destino hizo mover el suelo de nuestro torpe amigo Kyosuke cuando Madoka se le apareció. La atracción entre ambos es inmediata.

Ambos son polos opuestos, mientras uno es el nuevo del salón de clases, ese joven medio torpe de buen corazón que trata de encajar y esconder el hecho de que él y sus hermanas tienen unos extraños poderes mentales, Madoka y Hikaru son catalogadas como las “chicas de mala conducta” de aquel instituto. A esa edad y así como en toda obra de corte romántico, los malos entendidos están a la orden del día, desde encuentros que solo serán recordados por Madoka y nuestro torpe equivalente de Archie en el Japón.

Pero si hay algo que debo reseñar es el hecho que la obra es una cápsula del tiempo, una que retrata fielmente lo que era el Japón en los años ochenta, cuando comenzó a publicarse esta historia, se nota por cómo van vestidos los personajes, el estilo narrativo del manga que es muy diferente al actual, por el dibujo y por sobretodo la ausencia de las acostumbradas escenas de desnudos que no aportan nada a la historia y su desarrollo. Aunque también sorprende el hecho que fue publicada en la misma revista en donde tiempo después vieron la luz el monito peleador, ninja rubio llorón y otros ídolos de barro.

Hasta el momento, al ser el primer número de lo que fue una larga serie, se toma su tiempo para establecer los personajes, sus relaciones y las motivaciones que lo llevan a comportarse de esa forma.

See Your Space Cowboy

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