Lo que fuerte comienza, fuerte termina. Así creo que yo fue la idea primordial y detrás de cada relato que conformó el presente tomo. Y no es para menos ya que nuevamente los autores nos muestran el lado más oscuro de la humanidad, en su caso, de la sociedad japonesa de aquellos lejanos días.

Aunque, también hay espacio para historias no tan oscuras, ya que la historia de la anciana que dedicaba su vida como monja budista toca el corazón, al mismo tiempo la historia del contador de cuentos y la que inicia el tomo también tocan ciertas fibras sensibles. Aunque la historia, en un orden personal de ideas, es la que le da título al tomo, sobre la asesina que usaba un intrincado procedimiento para llevara  cabo sus asesinato; historia que abarcó dos relatos ni más ni menos.

No es tanto por el hecho de volver a ver a ese agente de la ley al que se le puede considerar el pupilo de Yamada nuevamente, ni conocer algunos pormenores de su vida como casado sino es el hecho de que toda esta historia tomó muchos elementos de los relatos policiales y apenas si vimos en acción a nuestro verdugo.

Comentario final

Sigue sorprendiéndome el hecho de que la serie no haya perdido los altos niveles de calidad que tiene desde el primer volumen. Y más si consideramos que dentro de muy poco se nos concluye la obra.

Aunque lo mencionado con anterioridad, el hecho de que aún no se haya hecho un hilo argumental con el cual apoyarse para darle final a la serie y estando ya en el séptimo libro, me genera opiniones encontradas al respecto.

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