En días pasados, los organizadores de eventos distorsionaban la información mandando inquisidores a aplacar los que tenían una que otra cosa que decir acerca de su producto. Bastaba con que dijeras lo que considerabas que estaba mal de su organización, de su evento contando con el toro agarrado por los cuernos o apelando por el insulto fácil y comenzaban las antorchas a salir a perseguir al responsable de la opinión.

El método se sigue usando, el Waterloo criollo es ahora su máximo exponente, pero con el paso del tiempo, los organizadores han querido cambiar la receta y ¿Cómo lo hicieron? Ofreciendo a los que opinaban premios o pases de cortesía y así asegurar que, así sean artificiales, buenas opiniones y asegurar la asistencia. Hasta el momento, la práctica se mantiene y se le agrega al asunto, la oportunidad de darles un espacio en los cronogramas de actividades a los que días atrás, opinaban sobre todo lo que consideraban que debía mejorar.

Me atrevo a decir que esta nueva tendencia comenzó con la entrega de la convención avalancha del año 2010, en la cual hubo gente (como yo) consideró que no cumplió y que la primera en dar esa señal de desgaste que se vería años después. Uno de los defensores más marcados de la mencionada convención la consideró una de las mejores, pero yo me pregunto ¿La misma opinión ese muchacho a quien se le “perdió” su cámara y que ese hecho fue el chiste de algunos?

Y ¿Quiénes serían los responsables que deberían pedir más honestidad en las opiniones de los que se consideran “las voces críticas de la afición”? Ni más ni menos que los que consumen esos productos. Ya que se corre el enorme riesgo de que te vendan una convención como la mejor de todas en el circuito y que se lleve un momento bien amargo.

Pero ¿No será eso pedirle demasiado a una “afición” que solo quiere pasar un buen rato? Posiblemente, pero también (posiblemente) querrán evitar nuevos asuntos turbios, como los que se vieron en días pasados y de los que tanto se ha escrito. Ya que de seguir esta tendencia, de alterar las opiniones, sin importar el método empleado, la gente se está haciendo oídos sordos a un pequeño asunto.

No hay un libre flujo de la información, la única que fluye son los halagos que se le sueltan sin moderación a los organizadores; y me pregunto ¿Cuántos comentarios en los que se exponían notorias fallas no han sido borrados o los han llenado de insultos e improperios en las redes sociales de las mentadas convenciones?

Quizás, no se extrañen que por muchos logros que se hayan alcanzado en días recientes así como las miles de arcas llenadas con el dinero friki, se siga viendo mal a la afición (si es que se le puede llamar así) aún se hable de la falta de creatividad en las convenciones, que no se llamen a otros públicos que no necesariamente se deleitan con las series animadas niponas, que cuando les hablas de esa posibilidad no tan ajena que posiblemente estos shows puedan terminarse o volverse aún más costosos para sus responsables.

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