Tenía tiempo sin escribir una opinión en este apartado y considerando que estoy comenzando a usar la etiqueta de los Comentarios Intermedios, viene a bien esto de soltar unas cuantas gotas de letras en esta parte de mi blog.

Cuando estas líneas vean luz, posiblemente mi reseña sobre la última película basada en los dos personajes más famosos de la Distinguida Competencia aun no habrá visto la luz en vista de que ando acumulando reseñas en esa sección. Pero las presentes líneas son inspiradas por la irresponsabilidad de un padre (a mi parecer ojo) en llevar a su hijo menor de edad a ver la mencionada película.

Aquí en Latinoamérica, se tiene una visión en dos senderos sobre estos personajes (sin distinción alguna de la empresa que los maneja a su antojo y capricho) unos los ven como algo infantil, como los motivos que acompañan los cuadernos, juguetes y quien sabe que otros productos que van para sus hijos varones y para otros no son más que una pequeña parte de la maquinaría “come cerebros” de Estados Unidos y demás comentarios ridículos dignos de un consumado defensor de algún gobierno bananero que ve como “derrota” el hecho que los Castro hayan abierto su isla personal al gobierno de su enorme vecino como estuvo hace muchos años.

Y también es para comentarte mi querido autor favorito, Alan Moore, que gracias a ti han salido muchas historias que llevaron al comic de súper mallas a donde está hoy. Muy difícilmente se podrá volver a aquellos días de la era de plata ya que, a pesar de todo desde la llegada de tu broma mortal y la muerte de Gwen Stacy las cosas no han sido las mismas. Sí, es muy cierto lo que dijo el grande de Umberto Eco sobre el medio, que eventualmente los mitos comienzan a repetirse al punto de contarse de nuevo una y otra vez ¡De la misma forma como comenzaron los relatos de los héroes de la mitología griega, romana entre muchas otras!

Considerar las acciones de un huérfano que se siente culpable de la muerte de sus padres, así como la de todos los inocentes de la ciudad en la que vive, que perdió a su hijo biológico y que se ha convertido en una cruzada personal a pesar de que actúa sobre la ley, esta última no le desagrada prestarle ayuda y que esta persona considera que hace bien en entregar a los criminales a la justicia y que esta se encargue de su destino así como las acciones de un huérfano que representa el último vestigio de una cultura, que encontrarse con lo más cercano a una familia no es algo que se toma con alegría, una persona que se siente que es tan peligrosa como las amenazas a las que combate a diario o las acciones de un grupo de personas que desde hace tiempo siguen padeciendo el racismo de una sociedad ingrata como infantil o como un acto del “fascismo” (sin haberse enterado que su creador estuvo en el partido comunista italiano por un buen tiempo) pero que grita a todo pulmón elogios al caudillo de turno, me causa risa.

La última película de la Distinguida Competencia es muy diferente a lo que ha estado ofreciendo la Casa de las Ideas con el apoyo de La Empresa del Ratón. No es una película llena de chistes, trata de mostrar esa faceta de las súper mallas que Alan Moore comenzó y que parece que aún tiene vida; de héroes envueltos en actividades sumamente delicadas en donde los políticos y sus rivales se encuentran allí, donde las situaciones son tan extremas, que no sabes cuales de las partes en conflicto está en lo correcto.

Si crees que estos personajes siguen haciendo las mismas del Batman de Adam West o si crees que todo es una conspiración en contra de Venezuela, creo que algo falla.

 

 

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