Como en toda buena obra policial y de suspenso, si bien se han aclarado muchas cosas como es el caso de la secta del señor que apareció en entregas pasadas, la tragedia ataca nuevamente y está vez lo hace llevándose por delante a otro robot de la lista y uno de esos personajes que a pesar de tener un rol secundario, se ganó el aprecio de mi parte. Así que vemos como ambas tramas se comienzan a unir en una sola y más se cuándo el señor Adolfo pone en serio peligro los planes de su Cofradía.

El problema sigue creciendo con la muerte del creador del robot Epsilon, los atentados en contra del responsable del mantenimiento de nuestro protagonista así como, en un giro del guión, también del mentado señor Adolfo. Quizás, la revelación que ese personaje hace con el vídeo y que puede arrojar algún indicio del responsable de aquellas muertes, al menos de forma intelectual, compromete a buena parte de lo que queda de elenco.

Eso sí, todo el asunto relacionado con el difunto hermano de Adolfo y la presión que comenzó a hacernos cofradía vuelven a hacer de las suyas mientras también se comenta sobre la reunión que tuvieron los científicos que también han fallecido en el desarrollo de la historia.  Aunque, de forma muy personal, colocar todos los robots de la lista que participaron en tan cuestionable conflicto así como los responsables de los mismos en un solo sitio, es (al mismo tiempo) tanto como una buena idea como una pésima; en algún momento el villano robot como quien lo controla puede  llegar a esa isla y hacer de las suyas.

Quisiera agregar que si bien no he leído el arco argumental el cual está basada esta obra, es todo un sincero homenaje no sólo a su autor sino también, a lo que quería realmente dar como mensaje el autor. Estamos perdiendo nuestra «humanidad» en pos de un mayor avance tecnológico.

 

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