Eventualmente iba a llegar a leer a este autor venezolano, pero pasó demasiado rápido y quizás siendo uno de los autores casi de cabecera de mi padre en algún momento. Aunque se siente raro leer una obra póstuma de, a mi modo de ver, es el equivalente de Alexandre Dumas en las letras criollas. Así como dudo del hecho que alguno de sus descendientes vaya a leer estas líneas.

Autor de gran renombre para las contadas personas que leen en la cuna de libertadores, este autor cultivó el género histórico pero siempre la figura del Libertador estuvo allí, de alguna forma presente en su obra. Así que este libro, recopilado de forma póstuma, nos cuenta los pormenores tanto reales como fabulados desde aquellos días del libertador comenzó con su ideal de la Gran Colombia, cuando conoció al centauro de los llanos llamado José Antonio Páez y su enemistad declarada con el prócer de Nueva Granada llamado Francisco de Paula Santander.

Pero también somos testigos de un Bolívar casi cegado por la confianza en su proyecto así como la entrada en años, rememorando las desgracias que vivió en Puerto Cabello, siendo él el responsable de eso que sucedió, así como esa desmedida confianza que tenía en el previamente mencionado proyecto y como eso marcó la historia de dos naciones así como de las miles de personas que vivieron esos sucesos en carne propia. Pues la comparación de Libertador con un Alcatraz, que se da al comienzo de la obra, no es otra cosa que una predicción de lo que estaba por venir; no solo para el libertador sino también para los lectores de origen venezolanos, ya que desde aquellos días a la actualidad hemos cambiado poco.

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