El quinto tomo de la serie es el que te mantiene al borde de la silla desde la página uno, si bien aún no hay una unión entre los dos focos de conflicto, es decir la historia de los asesinatos de los mejores robots construidos así como la historia personal del robot policial protagonista, más allá del hecho que esos autómatas sirvieron en una horrible guerra; aquí se vio detalles de la construcción de Pluto,  así como los delirios que tenía el rey de Persia, donde se llevó a cabo el conflicto mencionado.

Pero también vemos que llevó a tomar esa acción que contradice una de las leyes de la robótica que hizo nuestro protagonista así como, a mi parecer, lo que parece el final del conflicto secundario con el grupo de locos extremistas. Pero lo más interesante fue la aparición repentina del creador de Astro, confirmando ciertos detalles oscuros así como la posibilidad de que el famoso robot pueda regresar a la vida, a pesar de que la lista padece de una severa reducción. Una que comenzó con esta entrega, cuando el amargado de Hércules decidió intercambiar trompadas con el asesino mencionado, que ya sabemos que es un robot, pelea que si bien no quedó mal plasmada, quizás pudo haberse extendido un poco, aunque el fuerte aquí no son las peleas a punta de golpes;  aunque deja con los pelos de punta ese comentario que le dejó ese robot convertido en una masa deforme de chatarra, así como lo hicieron Hércules y Épsilon sobre el odio; una emoción tan negativa que parece que los robots han asimilado muy bien.

Eso sí, el peluche que ha estado apareciendo en toda la historia, a modo de un clásico villano que esconde su identidad, tiene mucho que ver en todos estos sucesos, la activación del caótico de Pluto, el supuesto suicidio del tirano de Persia y todo el conflicto que él causó, parece que este  engendro es quien maneja todo.

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