Quiero comenzar el especial octubre con un elemento muy ligado a la celebración del mencionado mes y que forman parte del título de este mar de letras. Los monstruos.

Los monstruos siempre han estado ahí incluso en géneros literarios alejados del mundo del terror, en la mitología son recurrentes, en la ciencia ficción también pero pareciera que con el hermano de la comedia, el terror, parece haber encontrado algo parecido a un hogar.

Allí tenemos al Golem de Praga, un mito del pueblo Judío sobre un ser hecho de barro que fue hecho para proteger a la mencionada etnia que sirvió como prototipo de otro engendro creado por pedazos de cuerpos y que cuya novela es la pionera en el género de la ciencia ficción, de la literatura gótica y una de esas figuras que el feminismo moderno parece haber olvidado (tal como ha hecho con los ideales fundacionales del movimiento).

Pero los monstruos también son un reflejo de la época en la que viven. Como el temor nuclear de los japoneses y buena parte del mundo con el famoso lagarto de goma y explosiones de talco, los zombis del director George Romero representan el miedo de algunos ciudadanos por un crecimiento de algún movimiento marxista en los Estados Unidos y que podrían terminar lo que conocían como el estilo de vida americano,  el famoso monstruo creado por el doctor Frankenstein  se encuentra basando en los experimentos de Volta quien por error descubrió que los organismos vivos tienen impulsos eléctricos. Estos seres siempre van a estar presentes en la mentalidad de la gente, sin importar la época o cuanto se esfuercen algunos en convertirlos en modelos de alguna línea de ropa y alterando elementos que siempre han sido asociados a ellos y que ahora ya se les ve con otros ojos.

En un orden muy personal de ideas, considero que en algún momento dejaron de dar miedo los monstruos gigantes ya que en su país de origen en el mundo del cine, el país del sushi y los kimonos, comenzaron a ser los enemigos de un grupo de muchachos vestidos con mallas de alegres colores y sus robots gigantes, los monstruos clásicos pasaron a ser parte de las atracciones de los grandes parques temáticos o son re imaginados como héroes de acción de mala muerte o como súper modelos que darían todo por la chica torpe del salón de clases en cual han estado por quien sabe cuánto tiempo. Prefiero los monstruos pequeños o los humanos que se comportan como uno, un gremlin o un asesino serial ya que o son impredecibles o conocen tan bien a los suyos que siempre estarán adelantados a aquellos que traten de detenerlos. Y no, en este grupo no meto a los asesinos silenciosos que usan machetes o garras, ya dan risa y su tiempo ha pasado.

 

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