Tercera y última entrega de la mini serie y vemos, finalmente, como todo se va enlazando hasta ese extraño clímax y confrontación final. Es raro, en el sentido de que la Distinguida Competencia siempre se ha caracterizado por excelentes clímax en sus series, conflictos que explotan por todo lo alto; aquí vemos algo menos digno de Hollywood y su cine de acción, sino algo más digno del cine independiente con un confrontación a menor escala entre Oliver y su rival, su relación con el criminal de turno así como los nexos del ya mencionado con el padre de la rival de nuestro arquero esmeralda. Que, curiosamente, es un cóctel de un japonés que vivió en carne propia lo referente a los campos de concentración durante la segunda guerra mundial así como formaba parte de la  mafia del mencionado país y que, por extraño que parezca, tenía planes de hacer de las suyas en el gigante del norte.

Posiblemente, el cambio más notorio es que Oliver considera que debía cruzar una línea, matar a un criminal para evitar que entre en ese círculo vicioso de meterlo a la cárcel y que regrese peor de aquella estadía, así como con más motivos para atacar al héroe de forma personal. Elemento que siempre ha sido una constante en el género, pero que al sol de hoy se ve fresco a pesar de que ese giro en el argumento si bien no es la primera vez que se ve, en especial en la distinguida competencia, pues aquí se siente (a mi parecer) como algo más natural, como un paso que daría el personaje sin problema alguno.

La reunión con su esposa, luego de los hechos acontecidos en el tomo anterior, sirve muy bien como final de la mini serie; pero parece dar a entender que nuestro héroe quiere volver a las andanzas a pesar de los años que tiene encima, al menos en esta pequeña continuidad. Creo que es una de esas etapas en el comic de súper héroes que no ha tenido el reconocimiento que se merece.

Anuncios