¿Qué es lo peor que le puede pasar a una persona dentro del universo de Silent Hill? Pues mudarse al pueblo homónimo y que su esposa engendre pues uno de los tantos demonios que azota el mencionado lugar así como los demonios personales del protagonista hagan acto de aparición; con todo y esto, agreguemos un poco de elemento sacados de la mezcla del salvaje oeste con lo sobrenatural y tenemos la presente mini serie; que si bien se encuentra ambientada (de alguna forma misteriosa) en la ya extraña continuidad de los comics licenciados por Konami para que IDW hiciera su aporte para los mitos del ya mencionado pueblo desolado, se siente que fue perfectamente planeada con el propósito de ser una buena mini serie, llena de suspenso y algo de acción.

Jeb (también conocido como el jinete infernal) y su esposa Esther se mudan para Silent Hill, después de la terrible guerra civil de los Estados Unidos y basándose en esa extraña idea llamada el Destino Manifiesto. Su misión personal, comenzar una nueva vida y dejar atrás las sombras del pasado, entre ellas el racismo; pero en ocasiones, esas sombras vuelven a aparecer y quieren que el protagonista pues haga las mismas cosas que hizo anteriormente, esas por las cuales no se encuentra muy orgulloso y que, para los que conocemos el juego, todo eso es una receta para un colapso de esa máquina llamada mente, en concreto la de nuestro protagonista, que no generará buenos resultados.

Realmente ¿Es un comic digno del renombre de Silent Hill? pues es en muchas cosas sí, esa sensación de estar incómodo con una serie de personajes de moral cuestionable, en un ambiente que no le temblará la mano para ponerte los nervios de punta (gracias al dibujo) hasta causarte un quiebre de lo que queda de sanidad mental.

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