El octavo y último tomo de la serie no es otra cosa que una montaña rusa que comienza con el regreso de nuestro robot favorito Atom, la muerte de Épsilon, la confrontación final con Plutón así como el engendro llamado Bora, quien era el que realmente residía debajo de un Palacio así como todo lo referente a que motivos estaban realmente expuestos para ese amargo conflicto que derivó en la serie.

Eso sí, hasta el montón de chatarra considerando como el primer robot criminal así como el engendro que se escondía como oso peluche, uno de los asesores del presidente de Tracia y mayor responsable de la masacre, salen finalmente a la luz y se aclaran otro montón de cosas sobre otros personajes, elementos del guión que no mencionaré ya que esta obra es mejor disfrutarla. Esas vueltas en las tuercas, te toman por sorpresa ya que los personajes se encuentran bien construidos, elemento que maneja muy bien el autor y que ayuda a que uno, el lector, no se los espere y por sobretodo, se preocupe por ellos mientras dura la lectura.

Cabe preguntarse ¿Puede salir algo bueno de tanto odio? Es una pregunta que los humanos nos debemos hacer, ya que nuestra historia se encuentra manchada de sangre y los conflictos empeoran todo, lejos de ser la resolución definitiva a los mismos. Una pregunta que el maestro del manga así como este autor se hacen durante la serie; podremos tener un avance tecnológico como ninguno y las distancias se han acortado en estos siglos, pero el odio sigue presente. Y a diferencia del mensaje que siempre nos han dado los japoneses (el trabajo en equipo, la amistad y demás) se siente más fuerte, más actual  y mucho menos acartonado; un mensaje que, al menos personalmente, tiene mucha más validez.

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