Inusual


Ellos se conocieron por una desgracia, la muerte natural de una apreciada persona que tenían en común. Para ella era su tío, el responsable de su carrera en despegue como diseñadora de modas y de sus primeros desfiles; para él, lo más cercano a su manager en su carrera como comediante. Hasta el hecho de que se conociesen en su funeral parecía una maquinación del difunto, a modo de último deseo.

— ¿Así que eres comediante?— le preguntó ella en la cafetería cercana a la funeraria.

—Efectivamente, tu tío era un visionario, le parecí mejor comediante que gerente de su restaurante— le respondió.

—Eres muy serio para ser un comediante.

—Es que me tomo muy en serio mi oficio.

Ella respondía por el nombre de Shirley y él por Morris. En su precaria seriedad, Morris hacía reír a Shirley, a pesar de las extrañas circunstancias.

— ¿Dónde compraste tan original vestido?

—Lo hice yo.

— ¡No te creo! ¿Es en serio?

—Pues deberías.

—Nuestro “casi familiar” en común, me comentó que tenia una sobrina que hacia su ropa pero no pensé que eras tu. Y apuesto lo que sea que poco hablaba del gerente de su restaurante.

—Ahora que lo pienso, creo que te mencionó un par de veces.

El gremio de los dueños de restaurantes sufría una pérdida así como la familia Stone, ambas perdieron lo más parecido a un patriarca en su historia.

Shirley no aguantó y lloró, mientras que Morris se unió al silencio justo cuando la tumba de Jacobo Stone descendía a su fosa. Por mucho que lo intentase negar, seguía en un funeral.

—El show debe continuar ¿No es así, jefe?— comentó para si mismo Morris mientras veía al cielo.

Después de la ceremonia fúnebre, Shirley y Morris regresaron a sus apartamentos, olvidándose de los rostros que vieron aquella triste tarde de febrero.

Aquella noche Morris se preparaba para ir al céntrico bar llamado “Mitosis” para un show donde compartiría escenario con otros colegas de la comedia.

—Te tocará antes que Clancy— le informó el maestro de ceremonias.

— ¡De nuevo abriendo! Si fueses lanzador de beisbol tendría más sentido— comentó Clancy.

— ¡Cállate! Tú tampoco eres una estrella.

Clancy y Morris compartían escenarios habitualmente, para ellos tratarse tan hostilmente era su método para combatir los nervios.

—Lamento lo de tu jefe— comentó Clancy, a quien siempre le llamaban por su apellido y no por su nombre.

—Cosas que pasan y ¿En serio vas a hacer el curso de detective privado?

—Eso es seguro, si no llego a tener éxito pues voy a tener toneladas de material si llego a sobrevivir a esa línea de trabajo.

—Ya aburre la rutina del ex actor infantil que solo duró tres temporadas trabajando.

—Es un buen material para comenzar.

Al otro lado de la ciudad, Shirley fue obligada por sus amigas a salir, le hablaron de un bar donde unos comediantes se presentaban esa noche.

—Debes reír— le comentó una de sus amigas—, no creo que ye hayas olvidado como te afectó la cancelación de “Viaje al Cosmos: La Eterna Frontera”

—Me afectó tanto que me atrasé con los diseños para el desfile.

— ¿Ves nuestro punto ahora?

—Si. Gracias por su intervención.

Shirley no había tenido tiempo para conocer la ciudad a fondo, tanto estudiar le había hecho que su etapa como turista durase solo un día, el mismo día que llegó.

Shirley no era de aquella metrópolis, sino más bien de un lejano pueblito al que su tío le gustaba visitar de vez en cuando. Su vida previa a irse de su lugar de nacimiento había llegado a un punto en la que se sentía aburrida.

Y no era para menos, Shirley pasó sus últimos años confeccionando la ropa de sus amigas para las celebraciones, pero hubo un vestido que hizo, el cual solo usó una noche, la noche en donde se confirmaron sus temores. Aquella noche volvió a verse con Brandon, su algo más que su amigo; ellos pasaron por mucho y con solo conocerse en la clase de geometría.

Él terminó con su novia y ella no esperaba el momento para irse de allí y estudiar su ansiada carrera. Pero las cosas se torcieron, él se fue primero y ella debió esperar un año, rompiendo los planes que habían hecho.

Aquella despedida en la estación de trenes fue de lo más triste, ella pensaba que sería más romántica, finalmente comprendió lo que sintió la protagonista femenina de Casablanca, película que no pudo ver con Brandon. Pero fue tan malo, finalmente aprendió a combatir su tristeza con alegría y empezaron una aún más extraña relación, por mensajería de texto.

A pesar de la distancia, estaban muy unidos, incluso llegaron a ver una película “juntos”. Él le contaba sobre la ciudad y su pequeño empleo, ella sobre el pueblito y los casi invisibles cambios que se dieron.

Pero algo pasó, Brandon desapareció y ella se marchó y comenzó sus estudios, gracias a su querido tío. En el fondo Shirley quería saber de Brandon y de su paradero. Pero en una ciudad tan grande ¿No sería tan difícil encontrar a un muchacho de un pequeño pueblo?

El nombre del primer comediante resonó en los oídos de Shirley. No era para menos, no en todos los funerales conoces a un aficionado a la comedia y verlo esa misma noche en una función. Lo que creyó que era una rara broma para hacerla reír,  resultó una extraña verdad.

El monólogo de Morris trataba sobre sus visitas al dentista y las patadas que le daba a modo de reflejo involuntario, las visitas que hacia con sus amigos a las “cafeterías de intelectuales” entre otros temas.

Pero una parte del monólogo que causó risas entre el público, despertó la nostalgia en Shirley.

“¿Algunos de los presentes conoce el responsable de los nombres tan extraños en las cafeterías modernas? Acepto que le pongan nombres en italiano al café, pero nombres como “Suave de Vainilla” o “Seductor del Medio Oriente” no sé si me tomaré una bebida o veré una película pornográfica”

Y después de aquellas líneas, Morris abrió camino para su colega así como preparó las mandíbulas para más risas.

— ¿A dónde vas?— le preguntó una de sus amigas a Shirley.

—Al baño, madre.

— ¿Estas loca o comes jabón? Dentro de poco se montará Clancy y ¿No has escuchado lo sucio e inmundos que son los baños en los bares de comedia?

—Mónica ¿Te han dicho que callada te ves mejor?— replicó Shirley.

De vez en cuando explotaban tensiones entre Shirley y Mónica, despertando risas entre Kim y Ángela. Cuando eso sucedía, era lo más cercano a ver las disputas que generaban los paparazzi con alguna celebridad.

Shirley quería un momento para si misma, quería retirarse un poco de las risas y al menos por unos segundos sumergirse en sus recuerdos y en su nostalgia, rememorar aquel día lejano que se encontró con Brandon así como atender una necesidad de su organismo.

Después del show, Morris no supo que entre los asistentes se encontraba Shirley. Tenía tanas cosas en mente que apenas si recordaba el rostro de la joven.

—Estuviste bien, mucho mejor que yo— comentó Clancy, no siempre asignado como segundo a salir sino también el conductor del auto, no por nada era el único con vehiculo propio del grupo.

—Y se nota que has tomado nuestros consejos— agregó Scott, el que se encargaba del humor “de la calle”; siempre alegando por ser de color era su responsabilidad hacer ese estilo de humor.

—Clancy ¿No crees que exageras?— comentó Annette, la chica del grupo y encargada de cerrar los shows; era la única quien vivía realmente de la comedia.

— ¿Con lo de Morris?— preguntó el dueño del auto.

—No, con esto de abandonar la comedia— respondió Annette.

Entre ellos dos siempre hubo algo, con la misma intensidad con la que discutían también se intercambiaban ideas.

— ¡No discutan papi y mami por nosotros!— comentó en tono burlón Scott.

— ¡Los otros niños no nos aceptaran en la escuela!— agregó Morris.

— ¡Y no somos material para ser niños otakus o góticos!— gritaron al mismo tiempo, Morris y su compañero de asiento.

—Dijiste que te retirarías cuando culminaras tu curso de entrenador de baloncesto y ese proyecto no resultó, luego hiciste un curso de marketing, tus días trabajando en una empresa telefónica; siempre regresas a la comedia ¿Cuál es tu empeño en no regresar?

Aquellas palabras dichas por Annette fueron impactantes, Clancy seguía sin decir algo al respecto.

—Que deje la comedia no significa que vamos a separarnos— respondió el dueño del vehiculo.

—Eso mismo dijo mi novia de secundaria cuando se fue— dijo Scott.

— ¿A la universidad?— preguntó Morris.

—No, al manicomio. Se puso esquizofrénica cuando murió su tortuga mascota— respondió Scott.

Al otro lado de la ciudad, Shirley regresó a su apartamento y como no tenía ganas de dormir, hizo lo que hacia como costumbre; sacó papel, lápiz y un borrador y dibujó hasta que sus párpados comenzaran a pesar tanto que sucumbiría al sueño.

Su intención con tal trabajo nocturno era doble, ponerse al día con sus diseños y evitar recordar los últimos meses de su vida en aquella ciudad.

Tres nuevos diseños, el agotamiento no estaba cerca, por su mente pasaban ideas para mejorarlos, los nombres para la línea e incluso algo más osado, convertir el desfile en una puesta en escena. Siguió con aquel enorme esfuerzo hasta el punto donde quería llegar, estaba agotada, dormiría pocas horas pero se sentía satisfecha con todo el trabajo que hizo.

A la mañana siguiente, Shirley le mostró a su profesor los diseños y las ideas para el desfile.

—Son buenas sus propuestas, señorita Stone. Pero me temo que con el presupuesto que tenemos, su proyecto es inviable de ejecutar.

Shirley regresó a su casa, estaba en un extraño punto emocional, a medio camino de molesta y frustrada.

— ¡Ninguna persona debería escuchar la frase “proyecto inviable”! ¡Inviable son ustedes por repetitivos! Cada año pidiendo hacer lo mismo a sus alumnos— vociferó entre lágrimas y golpeando los cojines de sus muebles.

Decidió que aquellas palabras no la desanimarían, que de alguna forma llevaría esas ideas a la realidad, sin importar lo que tuviese que hacer.

 Shirley no aguantó y decidió caminar hacia aquella cafetería donde se vio por última vez con Brandon. Y ¿Qué mejor forma de afrontar las cosas de las que huyes que dándole la cara? Para su sorpresa, de todas aquellas caras desconocidas, la de Morris resaltó.

Él le permitió sentarse y compartir mesa, Annette estaba allí también, un poco alterada.

—Muchas gracias por permitirme sentarme junto a ustedes— comentó nerviosamente Shirley.

—El gusto es nuestro— comentó velozmente Annette.

—Y disculpa que ya  hayamos pedido— agregó Morris mostrando su vaso.

—No se preocupen yo pediré algo mas tarde— musitó la diseñadora.

Shirley se fijó en cada detalle del local, estaban exactamente iguales como la primera vez que visitó el lugar. Aquella terapia auto medicada estaba dando sus efectos, no solo estaba enfrentando las cosas de las que huía sino que sus ideas para el diseño florecían nuevamente.

—Para mi próximo acto necesitaré un disfraz de ama de llaves— comentó Annette—, con el personaje puedo mejorar mi desempeño.

—Pero hay un pequeño problema. No creo que quieras ponerte uno de los trajes de ama de llaves de las tiendas cercanas— acotó Morris.

—Y quiero precisamente lo opuesto, que los hombres salga del confort machista y se centren en la idea de que una mujer también puede hacer comedia sin caer en el humor barato con desnudos.

—Lamento meterme en su conversación, pero te puedo ayudar con el traje, claro si quieres— dijo Shirley después de llamar al camarero.

— ¡Por supuesto que quiero tu ayuda! ¿Sabes donde puedo conseguir un traje sin connotaciones sexistas?

—Puedo hacerte uno a la medida. Si quieres podemos diseñarlo entre las dos— agregó Shirley saliendo de su nerviosismo.

— ¡Me encanta la idea!

Shirley sacó de su bolso una pequeña libreta, un elegante portaminas y comenzó a dibujar.

—Ahora soy yo el desubicado— acotó Morris.

— ¿A que se debe ese comentario?— le preguntó su amiga.

—No querrás saber mi respuesta— indicó Morris.

— ¿Es algo con mucho contenido machista y estereotipos hacia las mujeres?— preguntó nuevamente Annette—, si es así es mejor que te lo tragues.

“No sé si mi amiga se volvió mas feminista o yo me he vuelto más ácido” pensó Morris mientras le daba unos sorbos a su bebida. Pero no podía apartar su vista de Shirley, había algo en ella inusual, algo que ponía su mente en un agradable blanco.

Regresó a la realidad violentamente, su compañera en el mundo de la comedia se encargó de hacerlo.

— ¿Qué te he dicho de quedarte como idiota?— le preguntó luego de propinarle un golpe en el brazo derecho—, me vas a tener que disculpar Shirley, generalmente él es el mas sensato del grupo de hombres con quienes trabajo.

—No tienes nada que disculpar— comentó la diseñadora de moda riendo—, me recuerdan a mis amigos.

— ¿Me toca pagar la cuenta?— preguntó Morris.

—Algo peor, mucho peor. Te tocará acompañarnos a hacer unas compras— respondió Annette tratando de darle un tono macabro a su respuesta.

—Tu cara es un poema— agregó Shirley sin poder resistirse a reír de nuevo.

Si había algo que asustaba a Morris y a sus amigos era salir de compras con Annette, una experiencia cercana a una tortura que mezclaba la sesión cursi de afecto de un amigo ebrio y el discurso que te dan tus padres cuando sales de viaje solo por primera vez.

Shirley llevó a Morris y a su compañera a una modesta tienda de telas cerca de la cafetería en donde minutos atrás se encontraban.

—Cambia esa cara, Morris. Y quería preguntarte ¿En donde conociste a esa chica tan agradable?—preguntó Annette.

—En un funeral, además con esa cara nací, se me complicaría la vida si me la cambiase.

—En el velorio de tu jefe, interesante. Lamento que termines como cargador de nuestras bolsas.

—¿Te gusta verme sufrir?

—Un poquito.

A pesar del predicamento en el que se encontraba, Morris le agradaba la compañía de Shirley y su dulce carácter hacia de aquella salida sabatina una experiencia totalmente diferente. Pero él no era el único que disfrutaba aquel encuentro fortuito, Annette se sentía aliviada, finalmente consiguió una animada amiga o algo parecido.

Morris no podía dejar de escuchar acerca de aquel traje y de la presentación que tendría su compañera la semana entrante así como la importancia que tenía para ella dar un show para la Asociación de Madres Artistas Marciales en su quinto aniversario. Otra conversación a la cual no podía escapar fue la relacionada con el diseño del traje, las influencias, estilos y accesorios que necesitaría Annette para la presentación y el tiempo que usaría Shirley para completarlo. Se sentía ajeno a aquella larga, con muchos temas y casi en otro idioma conversación, como que no querían que se metiera en ella aunque tampoco tenia ganas de participar y comenzó a mandar mensajes de texto a sus amigos mientras no lo veían.

—No puedo creerlo—comentó súbitamente Annette después de leer un mensaje de texto que la dejó sorprendida—¡No puedo creerlo!

—¿Qué sucede Annette?—le preguntó.

—Se pone así por dos razones—aclaró Morris—, le dieron buenas o malas noticias; y si no es eso, su padre vino a visitarla. Estuvo así, como la estas viendo, en navidad.

Annette salió de su prolongado silencio exclamando.

—¡Compartiré escenario con Casandra Lee! Simplemente debo apelar por algo urgente.

—¿Regresar a casa y trabajar en el material?—le preguntó Morris.

—Y dado que mañana es domingo yo regresaré a la mía—agregó Shirley quien recordó un asunto también, de improviso.

—Además ¿Recuerdas la última vez que fuiste a ver la competencia?—le recordó Morris a su amiga.

Annette bajó la mirada y trató de calmarse. Pero sabia que su amigo tenia razón en recordarle el desastroso monologo que hizo después de ver a una compañera comediante en el mismo bar donde se presentaría.

Morris decidió acompañar a Shirley hasta su casa y esa ocasión sin la compañía de Annette.

—¿Qué vas a hacer mañana?—le preguntó Shirley, mientras el metro arrancaba. Trabajaré hasta las seis de la tarde y después no sé que haré. Creo que podríamos vernos, claro si quieres.

Morris no aguantaba la alegría, aunque se sentía extraño por la inversión en los papeles.

—Tenemos un trato.

—Y me gustaría hablar contigo sobre algo.

—¿Sobre qué?

—¿Te agradaría animar un evento que estoy organizando?

Una oportunidad extraña, pero oportunidad al fin y al cabo.

—¿Dónde nos veríamos?

—Donde nos vimos la última vez.

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