Esperé al momento indicado, cuando el padre  dijo “si alguien se opone a esta unión”, para hacer mi entrada.

Todos los asistentes de la boda voltearon a verme, supongo que preguntándose  quien era el demente que se oponía al matrimonio. Me clavaban miradas de odio mientras me acercaba a donde estaban los novios.

Para darle una referencia al lector, mi nombre es Brian Burton y a pesar de que trabajo como cocinero, siempre me gustó esa chica que una vez llegó sola al restaurante en donde trabajo llamada Sofía Wayne. Tarde me di cuenta de ello.

Fue durante mi turno libre que la conocí. Estaba sentada en las afueras de mi sito de trabajo. Ella comenzó la conversación, estábamos esperando el mismo bus, ella sentada en la parada y yo de pié. Ella comenzó la conversación, y desde ese día nos estuvimos viendo, escribiendo cada vez que podíamos.

La chica me agradaba y ella se reía mucho cuando hablamos. Pero todo cambió bruscamente el día que nos vimos por última vez, el mismo día que quería darle a conocer mis sentimientos hacia ella.

Me dijo que le dejara tranquila por tres meses, que estaría ocupada, con una voz casi por quebrarse.

No pensé que era esto, matrimonio.

Antes de acercarme al altar, soy detenido por dos forzudos.

—Este chico interrumpió el ensayo más importante de la obra.

Dijo una señora que salía detrás del púlpito.

Las miradas de los actores se clavaron en mí, ella no aguantaba la risa.

Nos encontramos en las afueras de la iglesia.

—Así que eres actriz—me aclara ella.

—Exacto—responde luego de que se quita el velo del vestido—en esos tres meses estaría ensayando muy fuerte; para después el estreno de la obra.

—Después del estreno—le pregunto—¿Vas a hacer algo?

—Claro. Estar contigo.

Me responde y me besa en la mejilla.

Dios mío que pena.

 

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