“Ahí vienen Escarcha y Oro” anunció el locutor de la radio con una emoción increíble ¿La razón? El afamado dúo de magos visitaría la ciudad y para Bárbara, la tímida chica, era la oportunidad que necesitaba para inspirarse y concluir sus diseños.

Bárbara desde pequeña sentía una admiración por los magos e ilusionistas; quizás su mayor sueño era diseñarle esos brillantes, atrevidos y fantásticos vestidos a los magos y sus ayudantes. Pero aquel dúo sobresalía en su lista personal ya que no se trataban simplemente de un mago y de su ayudante, se trataba de dos magos talentosos trabajando juntos por un gran espectáculo, algo que jamás había visto ella.

Aquel martes, Bárbara iba a su academia con los mismos ánimos de siempre. Le gustaba estudiar Diseño de Modas, aunque primero batalló por un título universitario más decente para así hacer lo que le apasionaba; pero como todo artista estaba pasando por un momento en donde se sentía que algo le faltaba a sus creaciones. Pero no esperó aquel visitante en la academia ¡No era otro que “Oro”! y resultaba ser el hijo de un viejo conocido de su profesora.

La misma profesora los presentó, Bárbara no salía de su asombro ya que no todos los días se veía un zorro por aquellos lados de la ciudad y mucho menos siendo tan amable con ella ¿Exactamente que estaba buscando allí? El mago quería un traje nuevo por lo que su conocida le recomendó los diseños de su alumna destacada. Bárbara sacó su cuaderno y nerviosamente le dio unas mejoras a aquel traje para hombres en el que estuvo trabajando y que ahora podía concluir y hacerlo a la medida de aquella persona a quien admiraba. Y se dio cuenta que a “Oro” no le gustaba que le llamasen así, prefería que le dijeran por su nombre, Augusto. Él estaba maravillado por el talento de ella y ella por el mero hecho de conocerlo y de aquella conversación que se interrumpía por las costuras y alguna que otra anécdota sobre sus shows en la capital de la nación. Augusto se sentía raro, aquella larga conversación con aquella chica fluía tranquila y libremente, no se sentía tenso como cuando hacía lo mismo con otras, incluso con las de otras ciudades.

La imaginación de ambos comenzó a jugar con sus mentes, un sueño matutino en un lugar público.  Pero el sueño terminó abruptamente, Bárbara culminó la labor pero su mirada decía otra cosa; aquel sueño solo era eso y para ella había concluido. Si bien sus emociones estaban confundidas, en el fondo sabía algo; aquello seria un imposible y no era el tipo de persona que le gustase la controversia. Por su lado Augusto, se retiró por un lado contento por su traje nuevo y por el otro confundido ¿Qué pasó en aquellos momentos callados con Bárbara? Algo estaba revuelto en su mente y estaría así por un buen rato.

 

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