Se acerca el fin de semana, aparte de trabajar he estado entrenando mucho para el torneo. El sensei tiene razón, debo despejar mi mente por estos dos días. Lástima que no me gusta ir al cine los fines de semana, por que sería buena idea hacerlo.

Suena el teléfono, tengo la ligera impresión de saber quien es. De nuevo estamos como en días pasados, ahora me toca conocer al rebelde que tiene por novio.

Atiendo, a pesar de todo el suspenso me mata.

—Hola Ronald ¿Cómo estas? ¿Vas a hacer algo este fin de semana?

—No, hasta ahora no.

—Plancha tus mas elegantes prendas, ya que te invito a una cita, así conocerás a mi novio y a la manager de su banda. Si no tienes ropa, pues mañana paso a buscarte para comprar.

Sonaba como algo importante.

—Tranquila. Tengo una buena camisa elegante y un pantalón de vestir, no toda mi ropa es deportiva. Por cierto ¿Dónde y a que hora nos veremos?

—No te preocupes por eso ya que te pasaré buscando a eso de las seis de la tarde.

Colgamos el teléfono luego de despedirnos.

Dios ¿Qué he hecho? Después de colgar me percaté de algo que no debí haber tomado a la ligera.  Iba a salir con Zara y su novio, y a lo mejor la amiga fea del último, o quizás su prima bonita pero con algún defecto escondido. Ya acepté y quedaría mal si me acobardara.

Mañana a primera hora me bañaré, me afeitaré lo más al ras que pueda y plancharé la ropa. Antes de que se olvide después de salir a trotar por una cancha de fútbol que está a unos quince kilómetros de mi casa y hacer algo de ejercicio, ya que así es mi rutina. Y debería estar mas intensa, ya que es un torneo nacional, pero el sensei me ha comentado que estoy en buena forma y que solo me hace falta descansar, que el sobre entrenamiento no es para nada bueno, que aun queda unas tres semanas.

Este suceso me hace recordar la cita a ciegas que me arregló mi buena amiga Zara hace unos años. Mejor no quiero recordar eso, que regrese a las profundidades de mi mente. Ahí estará mejor que aflorando y haciéndome dudar sobre ir o no a la cena a la que me acaban de invitar.

Quizás sea tiempo de “meterme en personaje”,  el de un genuino caballero y demostrar que puedo hacer con unos modales sacados de personajes como Casanova o Don Juan Tenorio. Aunque no me  simpatizan mucho los hombres mujeriegos, soy el tipo que se encariña con una mujer, hasta que algo pasa o la relación pasa a algo superior o se rompe.

Si hay una canción de rock pesado, debo admitir que tuve mi época escuchándolo todo el tiempo, que me llegó fue “El Caballero Perfecto” de una banda alemana, que canta en ingles. Si iba a salir con una chica y me tenían mal los nervios, con esa canción podía relajarme y tener confianza a la hora de hablar con la chica.

Finalmente llegó el sábado. Por mucho quisiera que no llegara el día.

No me molestaba la idea de compartir mesa con el novio de Zara, me pongo nervioso por el hecho de compartir mesa con la amiga de la pareja.

—Quizás sea una oportunidad—dije para mi mismo—para demostrarle a Zara y a su novio que los chicos buenos podemos ser mejores. Tendré que convencer a la chica de eso. Y a mi mismo, al parecer.

Finalmente llegó la hora indicada, que rápido ha pasado el día.

Veo el Fiat de Zara detenerse al frente de mi casa. Salgo caminando calmadamente, con mis prendas mas elegantes, abro la puerta de su auto.

—Que guapo te ves—me dice mientras me monto en su auto.

—Gracias, tú tampoco te ves mal ¿Y tu novio?

La pregunta dejó un poco extrañada a mi amiga, lo deduzco por la cara que puso. Aunque era una mera formalidad hacerla.

—Está con su manager, una chica, esperando por nosotros en el restaurante.

Y arrancamos hacia el norte de la ciudad. Zara sabe conducir bastante bien, y a pesar del tránsito, los minutos en donde me preocupaba que condujera y atendiera el teléfono al mismo tiempo.

Zara me comenta quien es su novio nuevo. El polémico Jean Pierre Káiser. Había leído sobre él en el periódico hace una semana, y salió algo sobre él en el noticiero, en su sección de farándula hace una semana. También me habló de la chica en cuestión, su manager.  Sobre ella no había escuchado nada y debía esperar lo inesperado.

Zara encendió al aire acondicionado, en el momento  indicado, antes de que comenzara a sudar.

—No te preocupes—me dijo Zara mientras  nos bajamos del auto—tu y Verónica se van a llevar bien.

Llegamos al restaurante italiano “Sol de Toscana”  de reciente apertura en la ciudad.

 

 

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