El sexto libro de la serie, lejos aún estoy de la mitad de la colección, creo que se ve una intención de los autores que era el elefante en la habitación o al menos así creo que por ahí van las cosas.

El protagonista si bien responde al estereotipo de samurai que tenemos en occidente, poco a poco los autores han estado incluyendo elementos que los muestran no tan honorables; de hecho aquí se hace más notorio el hecho que el padre está tan comprometido con la venganza que arriesga cada vez más no sólo su integridad personal sino también la de su hijo.

Como en entregas anteriores se hizo evidente, la situación en la que anda metido el lobo y su cachorro es tal que alquilan sus talentos a cualquiera que pueda pagar por ellos y si los puede acercar a sus enemigos, cosa que casi casi estuvo por suceder, pues mejor.

Pero lejos de traer aliados a la causa, crea distanciamiento, algo que se ve aquí justamente muy cerca del final y que sirve como secuela a una historia previa; algo que se agradece ya que, si han leído otras obras del autor con las cuales comparte escenario histórico, es algo que muy raro sucede y que podría servir para mucho ya que se pierden muchos personajes que podrían ser reciclados y que podrían volver a servir de algo ya que es un talento que se pierde y para mal.

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