No hace mucho volví a leerme la ley de costos y precios justo, también conocida como ese marco legal que sirve para justificar la intervención del Estado en lo que queda de comercio en el país. Ciertamente, es un desastre, es más que evidente que esa ley no ha dado el resultado que la burocracia prometió que haría y tampoco sus rivales han comprendido que lo que hacen no es otra cosa que distorsionar lo que queda de mercado y producción de alimentos en el país. El libre mercado es la mejor opción, lástima que unos quieren aplicar unas ideas altamente nocivas en personas que, como cosa rara, dicen defender. Aquí, como en otras leyes promulgadas por el actual gobierno venezolano, el resultado que han causado es diferente al que habían prometido. Es un gasto innecesario todo esto de tener una oficina pública que se come el dinero de los ciudadanos mientras pasamos hambre.

Quizás este comentario intermedio se pudo haber quedado hasta aquí, pero el tema de los títulos de bachillerato que se venden en las redes sociales no es más que la certificación, pero en otro ámbito, de la ineficiencia del Estado en todas esas atribuciones en las que quiere meterse; un título no va a dar la seguridad de que podrás irte del país o que te van a dar empleo, si se le quita esa atribución de emitir títulos al Estado en materia educativa, otro gallo estaría cantando. Ciertamente, un título de bachillerato se debe ganar con estudios, en eso estamos de acuerdo, pero creo que la institución que forma a los bachilleres tiene mejor opinión a la hora de certificar quien es digno o no de entregarle ese papel, no un burócrata que nada ha tenido que ver en la formación de esos jóvenes. Quizás esto no es más que otra señal de que el Estado no es quién para manejar elementos tan importantes como la educación.

Recuerdo que entre los comentarios de la foto del muchacho que quería comprar un título de bachiller, había alguien que comentó que a ese tipo de personas había que quitarle el derecho al voto. No soy abogado, pero creo que los derechos no trabajan de esa manera, una vez otorgado no hay marcha atrás y colocar consideraciones personales a quienes merecen el derecho al voto, no te hace muy diferente al que quiere que voten sólo sus amigos para así asegurar una victoria electoral. No es por nada, pero es por eso que tanto marxistas y sus primos fascistas están haciendo de las suyas en la cuna de libertadores. En especial estos últimos, que ya han conseguido ser un partido más en la lista.

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