Sobre educación, violencia y manos atadas


Un caso de violencia escolar no pasó por debajo de la mesa, siendo ese hecho uno de los tantos artículos que salieron publicados el día doce de marzo del presente año en el periódico El Nacional. Una estudiante fue linchada por tres “compañeras”  en la capital venezolana, tristemente casos como ese hay por miles, pero fue ese el que despertó el interés del burócrata llamado ministro de educación.

No importa esto de “integrar a la comunidad en la educación” o de algo tan ridículo como “concejos comunales de profesores” o cuantas leyes redacten con el “fin” de terminar la violencia, no le han dado una solución al problema. A la final del día, ni la ley de videojuegos y juguetes bélicos, así como las modificaciones  en las reglas del sistema educativa criollo nos convirtieron en potencia; ya que como lo indicó el responsable del artículo, los estudiantes violentos se salen con la suya en vista de que los profesores no tienen como aplicar un castigo o algo que sirva, temporalmente, para aplacar el mal comportamiento.

Tristemente debo comentar que el mal  ya se hizo, los estudiantes se sienten orgullosos de ser lacras, de un pésimo desempeño académico y más reciente de grabar las peleas entre estudiantes, se viene convirtiendo en una realidad desde mis días mientras estudiaba bachillerato; donde la burla a los buenos estudiantes y las peleas eran cosa normales, era algo “normalizado” o que siempre pasaba.

La violencia en la cuna de libertadores es un problema tan serio que lleva rato cortando vidas, tanto en los salones de clase como en otros aspectos de la vida. Mao se sentiría orgulloso al ver que alguien siguió su ejemplo de la revolución cultural en los jóvenes. Pueden tildar al culpable que quieran, el asunto es que solo se harán a los oídos sordos al respecto, ya que el problema de fondo y la raíz de todo, la impunidad y el discurso de los gobernantes, nunca será puesto en tela de juicio. El pacifismo no es algo de machos  criollos o de guerreras con sus bendiciones, el discurso grosero y violento con guerras imaginarias nos está quitando población. Esperar que los responsables de la impunidad sean castigados es un sueño, mientras sus guardianes los exaltan, estamos pecando por inocentes mientras las tumbas se van amontonando.

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