Apenas y han pasado tres meses, y yo me gusta estar en la cárcel, con solo una riña los otros reos me han dejado en paz. Fue mientras entrenaba, un tipo llamada Espartaco se me acercó y empezó a buscarme problemas.

Bastaron dos rápidos golpes, un gancho al hígado y un uppercut al mentón, mi combinación letal, para que los otros reos se mantuvieran alejados de mí.

No me desesperé por ningún momento, ya que recibía cartas de Simón, en donde me recordaba algunas cosas del boxeo, y aprovechaba en contarme las cosas que sucedían en el barrio. Lino también me escribía, me contaba cosas mas fuertes sobre lo que de verdad pasaba en el barrio, lo mal que se sentía la niña Maria y su madre, por mi ausencia.

Un día nos tocó el chequeo psicológico, todos los reos fuimos a ver a un psicólogo que visitaba con frecuencia la cárcel.

Fue mi turno de la entrevista, el doctor se llama Freddy Santana. Al verme me dijo.

—Buenas Clint, me dicen que eres boxeador. Dime el motivo de tu confinamiento aquí en este recinto.

—Buenas ¿Cómo sabe que soy boxeador? Estoy aquí debido a que un policía quiso propasarse con alguien muy cercano a mí. Y solo hice lo que cualquier persona haría, traté de solucionar el problema hablando pero el policía estaba ebrio y me supongo que ya sabe el resto de la historia.

Era la primera vez que hablaba con un psicólogo, estaba entusiasmado, casi como esperando una pelea.

—Interesante, dime una cosa ¿Es verdad que Espartaco estaba buscándote problemas desde hace tiempo?

—Si doctor ¿Habló con él?

—Si joven Clint, sabes, el también es boxeador, pero creo que esta dos categorías por encima de ti. A pesar de eso se obsesionó con la idea de la revancha. ¿Crees que hiciste lo correcto al enviarlo a la enfermería?

—Estaba buscándome problemas desde que llegué, me mantuve tranquilo por un tiempo, pero no lo aguante cuando paso lo que pasó.

—No veo el motivo para alargar esta entrevista, estas sano, no tienes problemas mentales. Solo quiero decirte que están planeando un torneo de boxeo dentro de este recinto, van a pesarlos a los que participen y todas esas cosas que hacen en boxeo. Solo quiero advertirte que te cuides por que puede que ese demente entre.

Ese mismo día le escribí a Simón, le pedí que me diera consejos para enfrentarme a los boxeadores que estaban recluidos en esta cárcel y decirme que es lo que me puede pasar. Lo peor que me puede pasar.

Regresé a mis labores en el jardín, entrenaba mis técnicas por las noches, y antes de dormir escribía las cartas que iban a Lino y a Simón.

Un oficial me informó que dentro de dos meses sería el torneo, que aproximadamente unos 50 o mas reos estarían participando, iba a pedir ayuda a  unos técnicos y entrenadores de un gimnasio de boxeo cercano.

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