El primer artículo con la nueva línea editorial que se expande a otros tópicos del blog, extrañamente cae aquí, en una de esas secciones en las que pensé que no iba a escribir tanto como en otras. Pero creo que aún me quedan  comentarios  que hacer sobre ese mundo de fantasía de cartón piedra y ojos grandes; por mucho que unos ya no escriban tanto sobre los pormenores de esa movida, hay algo que no se puede negar.

Se puede hablar mucho sobre el precio de las entradas a las ferias y de cómo sus (ir)responsables se rompen la ropa diciendo que solo ellos son los únicos que se preocupan por esos asistentes que pagan la entrada de un solo día, ese que a duras penas tiene para comprar ese pase, pero que en realidad le preocupa que la caja y su cuenta tengan los suficientes ceros a la final del día para seguir adelante con la pantomima.

Podría escribir un texto sobre la ya enterrada “guerra de grupos” y quien realmente la ganó, pero honestamente ¿Quién se alzó como ganador realmente? Pues simplemente, nadie. Como leí hace tiempo, son las mismas personas que iban a un evento u otro, quizás por eso mantengo mi teoría que una persona que venda bien la idea de no asistir a un evento le puede causar un buen golpe al organizador de turno. La mejor prueba de ello la tuvimos con la peor convención de la capital y su principal inquisidor, si ese fenómeno se puede repetir en otra región.

Pero una lástima que pocos se animen en hacer eso, tengan sus razones personales en hacerlo, yo por mi parte me limito a escribir y exponer mi punto de vista sobre el tema, con la vaga esperanza que alguno de esos chiquillos que hoy van a esas ferias  comience a meditar un poco sobre esas palabras que dice el organizador de turno, al igual que los defensores que tiene. Cualquier persona que solo vea lo bonito de una convención solo se dedicará a hablar bien, es algo evidente así es como es algo que los de vieja data sabemos muy bien.

Me gustaría, honestamente, ver una campaña bien seria que haga lo que describo aquí con alguna convención y que cause repercusión considerable. Una que llegue a las redes sociales, que aglomere un buen número de personas el mismo día que se esté llevando la feria en cuestión y que la gente hable del tema por un buen rato, al punto que sea algo que se repita no esperando la próxima entrega, sino como una especia de campaña que haga un llamado a la conciencia de los asistentes, que está bien que vean series del momento, pero que no se conviertan en las baterías (desechables) de muchos organizadores.

 Lo vivimos con Avalancha y sus cuentos de que se iba, con el magno evento friki nacional,  con la peor convención capitalina y con muchas otras ya que si algo tenían en común era el trato que le daban a la asistencia. Unos abiertamente hostiles a la crítica, mientras  otras jugaban con ellos con la noción de que sus ideas eran escuchas. Es posible que, que gracias a esta situación pues el escenario pueda cambiar.

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