¿Alguna vez han tenido la oportunidad de leer una historia y al final de la misma hay un giro argumental tan grande, pero al mismo tiempo, tan bien disfrazado que no lo logras ver llegar? Pues así es esta entrega de la obra, ciertamente algo que se agradece ya que estoy a nada de terminar los diez primeros libros y quería tener algo de motivación para aguantar los restantes.

Originalmente comienza, pues con lo habitual pero usando unas historias bien interesante, la del médico Yagyu siendo una de ellas, pero cuando llegas a la final (los gusanos desnudos) ya te tomaron con la guardia baja y que si bien parece que el lobo solitario y su cría han robado una caja sin mucha importancia, es en la siguiente historia donde hay un cambio.

Lobo Solitario y su cachorro ya no van a ser los perseguidos, van a ser ahora los que acechan ya que tienen en sus manos una información de tal magnitud que pone en peligro todo lo que ha logrado el mencionado clan. Finalmente, todos esos malos tragos que ha afrontado el ex verdugo personal del Shogun han rendido sus (amargos) frutos y demuestra que apenas está comenzando todo lo referente al ajuste de cuentas.

Honestamente, se agradece este refrescante cambio en la historia, ya que no sólo sirve para plantear lo que vendrá a futuro, sino que el precio por la cabeza del lobo y su cachorro van a estar en un peligro mayor. Uno en el cual, los enemigos pueden estar demasiado cerca, como sucedió en esta entrega y que pueden querer algo más que el dinero que pende sobre sus cabezas. Aspecto que debería ser explotado y explorado más en las próximas entregas, así como uno que parece que tuvo una modesta presentación, los daños colaterales de la venganza de nuestro protagonista.

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