El cuarto artículo es cosa seria

Honestamente, creí que podría dedicar el cuarto artículo de la nueva línea editorial al asunto de la Convención Avalancha, pero creo que con lo que he escrito y lo que me queda por publicar he dicho lo suficiente, pero dado el hecho que me ando quedando sin mares de letras para el rincón serio del blog, lo mejor será comentar una que otra cosa de lo que sucede en la cuna de libertadores.

El aumento de sueldo, por decreto, no es más que un irresponsable intento de apagar un incendio con gasolina. Mientras siga el gasto público así como la emisión de dinero inorgánico, el problema de fondo va a seguir. Realmente ¿Es tan difícil entender que lejos de ayudar están empeorando la situación? Quizás, su verdadero propósito no es otro que terminar con lo que queda de libre iniciativa privada en la nación, para luego achacar todo a ese conflicto imaginario llamado guerra económica. Con lo que cuesta esas bombas lacrimógenas, se puede hacer algo con las panaderías, con todo ese dinero que se recoge en impuestos municipales podríamos invertir en, se me ocurre, en mejorar la economía de cada región.

No estoy de acuerdo con que se retome el diálogo, a menos de que sirva para sacar a ambas partes del bipartidismo criollo del país. Lejos de mejorar la situación, el diálogo sirvió para darle algo de vida al actual presidente. Me extraña que ahora se encuentran buscando forzosamente venderlo como uno de a pie, que puede pasearse por los rincones de la capital tranquilamente, eso sí, acompañado por quien sabe que cantidad de funcionarios y guardaespaldas.

Y con referencia al asunto del vídeo del hijo del defensor del pueblo, creo que si es ahora que viene a ver la represión, bienvenido al mundo lejos de la fantasía de Venezolana de Televisión. Ese mundo al que muchos venezolanos creen que no existe, es que la realidad fuera de los medios de comunicación del Gobierno insiste en la existencia del estado Margarita y que todo aquel que se le oponen no es otra cosa que un vil mercenario del Gobierno Estadounidense. Aunque la prioridad no es calmar la situación, sino mantener a como de lugar los mitos del chavismo.

See Your Space Cowboy

Anuncios

Lone Wolf and cub Vol 10

Decir que esta entrega fue una montaña rusa es quedarse muy corto. Lo interesante es que la guerra comenzó, las historias aquí si tienen una conexión, de hecho me atrevo a decir que son las mejores que he leído en lo que llevo de serie.

La guerra comenzó por todo lo alto, al punto en que padre e hijo han sido separados, el anciano líder de los Yagyu también tiene algo que le va a recordar con quien se ha metido, un ojo menos es una ofensa que se la va a tomar de forma personal.

Creo, a riesgo de equivocarme, que el lobo solitario así como sus enemigos están muy a la par; a pesar de que a primera vista pareciera indicar que hay una desventaja en números bastante importante; aunque no ha sido una variable que le ha hecho temblar el pulso al lobo.

Ciertamente hay entregas que confirma que está serie sólo se mueve por obra y gracias de los antagonistas, exactamente los Yagyu pero creo que más temprano que tarde el lobo solitario debía hacer una declaración formal de guerra, sólo estaba buscando un buen pretexto más allá de la mera venganza personal, creo que es el mejor Mcguffin que he visto en una obra del arte secuencial japonés.

Pero, en vista que aún me quedan 18 libros por leer de la serie y quiero también conocer otras obras, aprovecho la oportunidad para comentar que me voy a tomar un descanso de la serie y leer a otros autores. Digo, creo que me tocaba ya que he leído de forma casi seguida varias obras de Don Kazuo y creo, sin ánimos de faltarle el respeto, que me merezco un descanso de tanto samurai.

¿Los diez primeros libros de la serie sirven para confirmar su estatus de obra de culto? Por supuesto que sí, eso sí hay que armarse de paciencia ya que es una obra que comienza a fuego lento.

Triste canción del Boxeador 5

Y llego el ansiado día del torneo, en mi categoría, solo eran unos cuatro rivales. Simón, me escribió unos días antes, unos de los asistentes de esquina es amigo suyo, y me va a ayudar.

Al final nada me importa más que verme la cara con Espartaco, si gano esa pelea podré sentirme con el valor de retar al campeón.

Mis rivales apenas si duraban un asalto conmigo, solo use un poco de trabajo de piernas.

El señor Felipe, durante un descanso, me dice.

—Estas trabajando muy bien, el boxeo de sombra y las indicaciones de Simón han mejorado tu estilo, casi no veo tus golpes, por lo que veo ya ganaste.

El organizador y árbitro, propuso una final. Estaba ansioso,  quería que dijera que se tendría que hacer una final entre la Categoría Peso Pluma y Peso Ligero. Y fue así que pasó. Y el finalista de la Categoría Peso Ligero, era Espartaco.

No me sentía cansado, aunque estaba ansioso de que la campana sonara para empezar el duelo pendiente entre él y yo.

Decidí esperar a que Espartaco empezara la pelea, me dio un sólido golpe de derecha, pero contraataqué con mi contragolpe de izquierda, cayó al suelo. La gente gritó de emoción, no habían visto tal demostración de boxeo, en sus ojos  noté ira, no se esperaba tal cosa.

Después del conteo de protección, decidí atacar,  un golpe de gancho al rostro, pero él me devuelve la agresión, con un uppercut al cuerpo, supe como aguantar la fuerza del golpe, gracias Simón por ese consejo. Le propiné un gancho a los riñones y luego un golpe directo a la boca del estómago. Y así terminó el primer asalto.

Simón me dijo un día, que mi boxeo impresiona a la gente, que parece que nací con eso, ese don de dar un espectáculo de boxeo a la gente, la lluvia de aplausos que desato se compara con las peleas de Mohamed Ali o cualquiera de los grandes. Me percaté de eso, cuando hice mi pelea por el campeonato en el circuito amateur y cuando mi pelea debut en el boxeo profesional.

La gente se emocionó, Espartaco estaba también impresionado, le temblaban las piernas, parte de mi trabajo estaba ya listo. Sus golpes no hacían efecto, y eso pensé.

Aun seguía estando dos categorías por encima de mí. Sentía una fuerte llamarada dentro de mi que me empujaba a vencerlo sin importar que sucediera, si lo vencía podría lograr todo lo que quisiera.

La campana que reinició la pelea sonó con fuerza,  solo unos cuantos golpes al cuerpo y seria presa fácil, aunque me sentía algo extraño, debería ser más rápido y fuerte que yo. Algo le pasaba. O algo planeaba.

Me propuse llevarlo contra las cuerdas y darle mi combinación especial de golpes. Aunque ya la había visto, no había sentido su máximo poder. Y aún tengo mi golpe especial que junto con mi trabajo de piernas, me daba la victoria segura. No tenía motivos por los cuales preocuparme. Pero debía estar preparado para lo que fuese.