Decir que esta entrega fue una montaña rusa es quedarse muy corto. Lo interesante es que la guerra comenzó, las historias aquí si tienen una conexión, de hecho me atrevo a decir que son las mejores que he leído en lo que llevo de serie.

La guerra comenzó por todo lo alto, al punto en que padre e hijo han sido separados, el anciano líder de los Yagyu también tiene algo que le va a recordar con quien se ha metido, un ojo menos es una ofensa que se la va a tomar de forma personal.

Creo, a riesgo de equivocarme, que el lobo solitario así como sus enemigos están muy a la par; a pesar de que a primera vista pareciera indicar que hay una desventaja en números bastante importante; aunque no ha sido una variable que le ha hecho temblar el pulso al lobo.

Ciertamente hay entregas que confirma que está serie sólo se mueve por obra y gracias de los antagonistas, exactamente los Yagyu pero creo que más temprano que tarde el lobo solitario debía hacer una declaración formal de guerra, sólo estaba buscando un buen pretexto más allá de la mera venganza personal, creo que es el mejor Mcguffin que he visto en una obra del arte secuencial japonés.

Pero, en vista que aún me quedan 18 libros por leer de la serie y quiero también conocer otras obras, aprovecho la oportunidad para comentar que me voy a tomar un descanso de la serie y leer a otros autores. Digo, creo que me tocaba ya que he leído de forma casi seguida varias obras de Don Kazuo y creo, sin ánimos de faltarle el respeto, que me merezco un descanso de tanto samurai.

¿Los diez primeros libros de la serie sirven para confirmar su estatus de obra de culto? Por supuesto que sí, eso sí hay que armarse de paciencia ya que es una obra que comienza a fuego lento.

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