Y llego el ansiado día del torneo, en mi categoría, solo eran unos cuatro rivales. Simón, me escribió unos días antes, unos de los asistentes de esquina es amigo suyo, y me va a ayudar.

Al final nada me importa más que verme la cara con Espartaco, si gano esa pelea podré sentirme con el valor de retar al campeón.

Mis rivales apenas si duraban un asalto conmigo, solo use un poco de trabajo de piernas.

El señor Felipe, durante un descanso, me dice.

—Estas trabajando muy bien, el boxeo de sombra y las indicaciones de Simón han mejorado tu estilo, casi no veo tus golpes, por lo que veo ya ganaste.

El organizador y árbitro, propuso una final. Estaba ansioso,  quería que dijera que se tendría que hacer una final entre la Categoría Peso Pluma y Peso Ligero. Y fue así que pasó. Y el finalista de la Categoría Peso Ligero, era Espartaco.

No me sentía cansado, aunque estaba ansioso de que la campana sonara para empezar el duelo pendiente entre él y yo.

Decidí esperar a que Espartaco empezara la pelea, me dio un sólido golpe de derecha, pero contraataqué con mi contragolpe de izquierda, cayó al suelo. La gente gritó de emoción, no habían visto tal demostración de boxeo, en sus ojos  noté ira, no se esperaba tal cosa.

Después del conteo de protección, decidí atacar,  un golpe de gancho al rostro, pero él me devuelve la agresión, con un uppercut al cuerpo, supe como aguantar la fuerza del golpe, gracias Simón por ese consejo. Le propiné un gancho a los riñones y luego un golpe directo a la boca del estómago. Y así terminó el primer asalto.

Simón me dijo un día, que mi boxeo impresiona a la gente, que parece que nací con eso, ese don de dar un espectáculo de boxeo a la gente, la lluvia de aplausos que desato se compara con las peleas de Mohamed Ali o cualquiera de los grandes. Me percaté de eso, cuando hice mi pelea por el campeonato en el circuito amateur y cuando mi pelea debut en el boxeo profesional.

La gente se emocionó, Espartaco estaba también impresionado, le temblaban las piernas, parte de mi trabajo estaba ya listo. Sus golpes no hacían efecto, y eso pensé.

Aun seguía estando dos categorías por encima de mí. Sentía una fuerte llamarada dentro de mi que me empujaba a vencerlo sin importar que sucediera, si lo vencía podría lograr todo lo que quisiera.

La campana que reinició la pelea sonó con fuerza,  solo unos cuantos golpes al cuerpo y seria presa fácil, aunque me sentía algo extraño, debería ser más rápido y fuerte que yo. Algo le pasaba. O algo planeaba.

Me propuse llevarlo contra las cuerdas y darle mi combinación especial de golpes. Aunque ya la había visto, no había sentido su máximo poder. Y aún tengo mi golpe especial que junto con mi trabajo de piernas, me daba la victoria segura. No tenía motivos por los cuales preocuparme. Pero debía estar preparado para lo que fuese.

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