De todas las historias personales de los que venimos al Club de Jazz y Swing, quien tuvo la peor es la pequeña Cindy. Y lo peor del caso es que supimos de ella cuando la vimos llorando en un callejón, de su boca nos contó aquella desdicha.

—Nunca recibí un regalo— fue la frase con la que comenzó a contarnos todo.

Solía ser la chica por la que nadie se interesaba en el instituto, se consideraba a sí misma como tal y en casa su gato era quien le brindaba compañía. A pesar de todo, logró intercambiar palabras con otra chica, pensó que su primer día de clases  en su nuevo instituto, todo cambiaría.

Cindy y Francis se hicieron muy amigas, eran tal para cual, a pesar de sus diferencias en personalidad; Cindy admiraba a su amiga en muchos aspectos.

—Ella era segura de si misma y con grandes planes para su futuro— matizó la joven con una sonrisa en su rostro.

Un día durante la clase de biología, Cindy conoció a Tony, el amable  capitán del equipo de baloncesto. Aquel encuentro llegó a los oídos de Jenny, la autoproclamada “reina del salón”. Finalmente la chica de piel pálida, oscuro cabello, delgada y de voz frágil tenía no solo una amiga sino un interés romántico.

—Pero justo cuando todo iba tan bien, alguien decidió darme unas cucharadas de amarga realidad— comentó nuestra narradora con un extraño énfasis en su voz.

Jenny comenzó a acosar a la pobre Cindy, desde burlas mientras su amiga no estaba hasta “visitas” a la enfermería por las golpizas que le daba al salir de clases.

—Cualquier cosa usaba como pretexto para hacerme sentir mal. Sentí alivio a mitad de año cuando la cambiaron de salón.

Los primeros meses transcurrieron agradables, Cindy comenzó a sentirse aceptada entre sus pares, finalmente ya no se sentía sola.

—Pero cuando todo está en calma, es cuando lo peor está por ocurrir.

Jenny quería vengarse y esperó hasta la esperada fecha “el día de los regalos”, la celebración más esperada por los estudiantes.

“El día de los regalos” se celebraba por todo lo alto en aquel instituto, primero comenzaba con un intercambio de regalos entre los alumnos de cada salón y luego un baile. Cindy tenía preparado dos regalos, uno para su amiga Francis y otro para Tony, el dueño de sus suspiros. Pero aquel día todo se torció macabramente, la venganza de Jenny llegó en forma de la más cruel de las humillaciones, a la encargada del discurso de apertura del baile le arrojaron y litros de pintura, huevos y harina.

—Eso le valió a Jenny la expulsión, pero la maldad ya había sido hecha. Entré en un sueño profundo, para evitar las risas y burlas.

En aquel sueño Cindy vio a Francis y Tony graduarse y ver el pequeño tributo que le hicieron, pero su verdadera meta era otra.

Localizó a Jenny en una enorme Escuela Técnica, luchando por lo que una vez fue suyo.

—Sentí ganas de hacerle lo mismo que me hizo. Y encontré una forma de alcanzar mi nueva meta, una que se volvió mi sello personal de intervenir.

Jenny estaba repitiendo el año escolar, con mucha tensión en su casa y con todo el peso de la culpa por la desaparición de Cindy, una chica que no se metía con nadie y que solo tuvo una ilusión, salir con Tony al menos una vez.

— ¿Generarle pesadillas, humillaciones públicas o alguna tragedia? Eso sería benevolente y rápido; ella merecía algo más sutil y lento.

Jenny primero se sintió aliviada con los estudios, finalmente estaba levantándose, recuperando la seguridad en si misma que la hizo tan famosa en su viejo instituto, las tensiones en su casa desaparecieron.

Y aprovechando ese momento nuestra narradora movió sus cartas con suma habilidad. Primero hizo posible el encuentro entre Tony y Jenny, aquel encuentro no fue algo bueno para la joven, su ex novio aún tenía la sospecha de que ella fue la culpable de la desaparición de Cindy y para colmo estaba saliendo con Francis. Luego las cosas volvieron a empeorar, el divorcio de sus padres; esto último alteró tanto su estado mental que todos sus logros se volvieron polvo, incluso su cupo en la universidad.

—Y una noche aparecí en su cuarto, para darle un último y gran susto. Uno que la llevó al manicomio y a mí a este lugar.

Aquellos gritos despertaron a más de uno y a muchos no les gustó.

Cindy fue enviada a un mejor sitio, aunque el Concejo tenía planes para ella, pero hasta nuevo aviso, estaría aquí confinada entre acordes y bailes de espectros.

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