Honestamente, el pan es una cosa seria. Más que todo por el hecho que el trigo difícilmente se puede dar en las tierras tropicales que abundan en la cuna de libertadores; no por nada el asunto de traer harina de trigo del extranjero sale mejor, así solía ser en días pasados, esos días que no van a volver. Pero que, extrañamente, no faltaba el pan en las panaderías así como otro tipo preparaciones hechas con la harina de trigo.

La segunda independencia  le ha sentado fatal a unos cuantos, entre ellos me incluyo, mira que no hay mayor ejercicio de libertad económica y soberana que hacer largas filas para esperar un pan, a “precio justo” establecido por el amable gobierno que se debe “al pueblo” y que, como casa rara, vive el constante acoso de una guerra imaginaria. Guerra que se libra sin cuartel, pero con comunas, contra otros socialistas pero que los tildan de “derechas”.

Pero que yo recuerde, el trigo y todo lo que conlleva sembrarlo  no tiene distinción política o económica alguna, pero realmente tiene una importancia muy grande para el país; no estamos hablando netamente de un producto agrícola, estamos hablando de la materia prima de muchos negocios a nivel nacional, sin distinción alguna que si esos negocias hacen pizza, pan, donas o dulces. Allí se ve la importancia no solo de los rubros agrícolas en general para la sociedad más allá de la noción de que nos sirven para comer,  sino que son también un medio que necesitamos para el comercio.

Yo dudo mucho que la gente que nos formamos a comprar pan lo hacemos con una sonrisa en el rostro ya que estamos ganando una guerra imaginaria; más recientemente la panadería más cercana de mi casa solo abre hasta el mediodía, con sus mostradores vacíos y mercancía generalmente vieja. Algo que se repite quien sabe si a nivel nacional, por el mero hecho que a alguien se le ocurrió la idea que el comercio es malo.

 

See Your Space Cowboy

 

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