¿Qué puedo decir de esta entrega? Tuvo más drama de lo que pensé ya que me mantuvo al borde de mi asiento, quizás todo esto parezca que se convirtió en una telenovela venezolana, pero no, afortunadamente no fue así. No era para menos, ya que el triángulo amoroso estuvo agitado bastante y, a menos personalmente creo, se hizo evidente que la relación entre Kyoko y el instructor de tenis ya no va a ser la misma.

Como vimos en la entrega pasada, la suerte de nuestro protagonista no fue la mejor y así se mantuvo hasta ese momento en que consiguió un pequeño empleo en un preescolar, con todos los enredos que eso trajo en el lado de la comedia, pero debo reconocer que la ex alumna de nuestro protagonista no me pareció un personaje que fue agregado sólo para causar problemas, aquí se comportó bastante bien y debo agregar que espero no verla por lo que queda de la colección.

Agregando más al asunto, el enfrentamiento verbal que tuvieron los dos pretendientes de Kyoko fue uno de esos momentos cumbre en esta entrega que te hace pensar que uno de los lados del triángulo se va quebrar; aunque pensé que la chica de los perros iba a ser la responsable de dicho evento, ya que todo lo que hizo el galán de las canchas de tenis para que su fobia a los canes iba ser lo que lo llevaría a otro sendero.

De los personajes que entran y salen, el que se llevó los laureles fue el confiable amigo de Godai, quién le ofreció su mano amiga en un singular empleo nocturno, empleo que parece que si bien le trajo muchos dolores de cabeza a nuestro par de indecisos, le sirvió a uno de ellos para para acercarse a su sueño de convertirse en un profesor apto para dar clases.

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