Una montaña rusa, quizás es la mejor metáfora que puedo usar para referirme a todo lo que pasó aquí. A modo de una continuación de lo establecido desde el comienzo de la serie, así como en la entrega anterior, donde nuestro querido protagonista consiguió un singular empleo que (al momento de hacer la reseña) no lo ha perdido.

Considero que si bien estuvo metida la comedia en esta parte, el drama estuvo en partes iguales y creo que el mejor ejemplo de todo eso fue el desarrollo y conclusión de esa relación arreglada entre el instructor de tenis y una chica, el ejemplo más notorio de un matrimonio arreglado. Quizás uno de esos puntos que alimentó a partes iguales la comedia y el drama fue el desenlace de la rivalidad entre Godai y Shun, la cual tomó un matiz bastante amargo, al punto de llegar a resolverla con violencia; pero lejos de terminar con ojos morados, la autora decidió que era mejor que ambos se sentasen a hablar seriamente.

Aunque si hay algo que debo destacar, fue la trama secundaria relacionada con el empleo de nuestro protagonista y una de sus compañeras de labores, una que tenía una mala historia con los clientes así como el “ramo” en el cual siempre ha estado trabajando, el final de esta trama secundaria sirvió como un refrescamiento a lo que  estábamos viendo desde el comienzo, ese final feliz que, al menos yo, espero que se repita en la última entrega de la serie, ya que ¡Estamos a nada de concluir!

 Pero, lo que comenzó con una perrita embarazada, pasó a ser un rumor en pocas páginas se convirtió en el punto de inicio de una relación y cerrando, finalmente, todo lo referente a un triángulo amoroso. Aunque lo peor del asunto es que todo lo relacionado con la relación entre Godai y Kyoko así como la esperada prueba que le falta por tomar al primero, aún no ha llegado al final, cosa que quedó para el libro final.

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