Esas diferencias

Honestamente debo decir dos cosas, la primera es que este comentario forma parte de la lista de los que se van a englobar dentro de la nueva línea editorial en la que entró mi blog; creo que era cuestión de tiempo  de que llegase un cambio en esta sección. La segunda cosa que debo comentar es que, posiblemente, cuando estas líneas vean luz ya habré terminado una de las obras más famosas de la autora Rumiko Takahashi y comenzaré a leer las entregas que me quedan de lo que unos consideran la obra rival, si nuevamente me tocará enfrentarme al triángulo amoroso anaranjado.

Si, para muchos críticos ambas obras abordan la misma temática y hasta creo que son contemporáneas, pero creo que hay una diferencia de fondo entre ambas. Una se siente más juvenil que la otra; si K.O.R es la que gana ese primer filtro, pero esa historia de los residentes de Maison Ikkoku no necesita recurrir a los poderes telepáticos para seguir adelante; al ser protagonizado por unos adultos (en su mayoría) y que cuenta con unos matices de drama mucho mejor trabajados y que no depende tanto de la noción episódica, sino que esos episodios se convierten en escalones para ir desarrollando a los personajes.

En cuanto al apartado de la comedia, también la obra anaranjada sale perdiendo ¿No me creen? Mientras una depende mucho de ese cáncer de humor subido de tono y algún que otro desnudo (siendo esta obra una de las pioneras en esa tendencia) mientras Maison Ikkoku si bien se basa mucho en los recursos típicos y tópicos de la comedia de situaciones, no importa cuál sea la reacción física de un personaje o un comentario, los chistes funcionan.

Considero que el guión es mejor llevado en Maison Ikkoku, ya que uno como lector llega a comprender las reacciones de los personajes y si bien los protagonistas masculinos  comparten muchos patrones de conducta,  creo que el Godai tiene muchos puntos con los cuales el lector podría coincidir; quizás sea el hecho que no es tan cartón piedra como se siente en muchas ocasiones su “rival”.

 

See Your Space Cowboy

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La Balada de la Curva 6

Héctor ya tenía todo listo aquel día, tenía el permiso para ausentarse de sus labores, algo de dinero y un buen día para hacer algo nuevo. Roberto Fangio, por otro lado, no podía ocultar la alegría que sentía y consideró que debía poner al talento que había conseguido al volante del modelo de su Escudería.

— ¿Está seguro señor Fangio?

—No se preocupe por eso. Todo el equipo de mecánicos se encuentra presente, así como el ingeniero responsable de nuestro bólido, el “Alfa Romeo 4C Leopardo”.

Mientras se preparaba el futuro piloto para la primera sesión con el bólido, un hombre maduro se le acercó al campeón retirado; su chaqueta así como su gorra denotaban (para los ojos conocedores) que era alguien de peso en aquel equipo.

— ¿Cree que ese militar retirado podrá con la fiera que hemos creado?

—Plenamente seguro. Creo que es mejor que se enfrente directamente a la bestia que ponerlo en un simulador.

Los mecánicos le dieron unas indicaciones puntuales a Héctor, daría dos vueltas por el circuito de entrenamiento y dada su experiencia, podría tener unas opiniones para mejorar el modelo.

—Para ser la primera vez dentro del vehículo, conoce muy bien el tablero, Héctor —le comentó Fangio por el radio de pequeño tamaño, mientras veía con una pequeña cámara integrada en el casco.

—Se parece mucho a mi fiel “Gavilán” la nave que manejé.

El motor rugió, el modelo “Leopardo” comenzaba su primera vuelta con el nuevo piloto, era innegable el control que estaba ejerciendo así como parecía ser el indicado para domar a la bestia.

—90 Kilómetros por hora en su primer arranque, nada mal Héctor. —Comentó el campeón retirado nuevamente—, pero no todos los circuitos del deporte son  rectas; me gustaría ver como se enfrenta a las curvas.

—Tengo un truco o dos, Fangio ¿O quizás deba decirle Coach?

Usando los alerones de frenado tomó la curva como todo un profesional sin perder la velocidad, una maniobra que a muchos experimentados le costaba hacer.

—Fangio ¡Quiero hablar con ese bastardo!—dijo alegremente el ingeniero—, creo que ha conseguido al domador ¡El primer premio será nuestro!