Y ¿Si hablamos del país que queremos?


Hemos hablado mucho, así como escrito, sobre el país en el que estamos actualmente así como el país que muchos conocieron en días pasados. Pero creo que ha llegado la hora de escribir un poco sobre el país que muchos anhelamos que es el que hay que construir a partir de ahora. Ya que, si somos honestos, la segunda independencia va rumbo al cementerio y el margen de tolerancia que se tiene a la doctrina socialdemócrata corre por ese mismo sendero pero con una duración más breve.

El cambio de brújula se ha hecho, en términos académicos, las ideas colectivistas ya tienen la fecha de vencimiento cerca. Así que es tiempo de describir esa nación y sus características, esas señales que tienen otras que las convierten en el paradero de muchos de los que se van del país. Ciertamente no es una tarea fácil, ya que hay muchos venezolanos con sus ideas ya formadas de cómo tiene que ser el país del futuro.

En el presente mar de letras voy a tratar de venderles lo que yo considero que debe ser el camino que debe tomar la cuna de libertadores cuando la pesadilla revolucionaria llegue a su evidente final y sus primos, la socialdemocracia, sea vista como unas ideas que no sirven de mucho. Primeramente, la base de todo lo que debe venir son los ciudadanos, tienen que abandonar esa noción populista del pueblo y todos sus matices; ya hemos vivido en carne propia los desastres que puede hacer un hombre del pueblo. Hay que dejar de lado ese asco al individualismo y a la búsqueda personal de nuestra felicidad, ya que no hay un mayor ejercicio de nuestra libertad que eso. Eso causa un efecto secundario maravilloso que es la ayuda voluntaria y espontánea hacia tus prójimos, algo que hay que comprender.

Hay que dejar en claro que el Estado no debería meterse en nuestros asuntos personales y mucho menos en nuestros bolsillos, si queremos emprender o buscar un empleo que nos ayude a seguir adelante pues el Estado sólo debe limitarse a las funciones de seguridad y justicia, de resto la sociedad puede encargarse tranquilamente de sus asuntos y problemas. Es decir, que ya está bueno del asunto de que alguien más nos regule lo que podemos hacer así como el hecho que nos diga que es lo mejor para nosotros.

Como expresé anteriormente, no somos tan tontos y entendemos mejor todos los efectos negativos y sus indicadores de buena parte de las políticas que han estado implementando en todos estos años. No me voy a cansar de repetir que la mentada ley de responsabilidad social en radio y televisión no le dio sepultura a la programación deficiente en Venezuela, sólo complicó más el problema. Mucho menos me cansaré de decir que imprimir billetes a lo loco no es producir riquezas, es condenar a la población a una pobreza así como al pago del peor impuesto, llamado inflación.

También es necesario abandonar la noción que somos un país rico, lo que hay es muchos recursos naturales que, por desgracia, no se pueden explotar de forma individual. Es decir, que si un día consigues oro en tu jardín lo ideal es que fuese tuyo y que decidas cual es la mejor forma de aprovechar esa mina de oro; ciertamente sabemos que esos burócratas no tienen la menor idea de cómo hacerlo, sólo quieren crear un círculo vicioso en el cual ellos se ven beneficiados.

Pero no debemos de olvidarnos de la cultura, si bien es algo que despierta polémica, hay que considerar que ha sido la piel de cordero que ha estado usando la mal llamada revolución venezolana para aferrarse al poder así como hacer llegar sus ideas a miles de personas. Pero seamos honestos ¿Cuánto nos ha costado en mantener a todas esas televisoras y emisoras de radiodifusión que dicen ser del pueblo pero en realidad le sirven al gobierno de turno?

Ya que dudo que esos medios de comunicación le quieran abrir las puertas a alguien con unas ideas como las mías o con alguien que si bien puede comulgar con las ideas del gobierno, tiene muchas cosas que objetar y denunciar. La libertad de expresión se asegura con medios privados y que sea la sociedad quien decida que línea editorial va a consumir. Las telenovelas se verían obligadas a salir del aire o a mejorar su contenido, si se le deja crear a sus anchas a nuevos talentos que tengan la pequeña oportunidad de presentar sus ideas.

Debemos motivar a la lectura desde temprano, en eso estoy de acuerdo, pero hay que darles la preparación a esos muchachos que se están formando como quieren conocer la literatura nacional, no sólo a los autores de días pasados, sino también a los nuevos a esos que puede darse la situación con los cuales si puedan conectarse y comprender lo que plasmaron en el papel. Y no me limito a los escritores, sino también a cualquier artista que quiera darse a conocer, pero debe hacerlo con sus medios y no por un subsidio o por la Santa intervención de un gobierno.

Hemos visto que unos, con muy buenas razones, dicen que rock en la cuna de libertadores murió hace ya tiempo. Que ese cadáver ahora es usado para consignas políticas en conciertos de calidad dudosa y que buena parte de su asistencia va por los invitados internacionales. Ya que si dependiese del organizador, no duden que usaría el poder coercitivo del Estado para asegurar llenos y regularidad en las presentaciones.

Si queremos todas estas cosas y más, es necesario un fuerte y profundo análisis de dos preguntas ¿Dónde estamos? Y ¿A dónde queremos ir? Es un proceso personal, netamente, pero lo ideal es que también sea algo que se comparta con el resto de los habitantes, que debemos recuperar no sólo el tiempo perdido buscando revoluciones en ideas fallidas, hay que buscar cambios constantes en la sociedad en base a la convivencia, a nuestro natural espíritu de búsqueda de algo mejor.

 

See Your Space Cowboy

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Un comentario en “Y ¿Si hablamos del país que queremos?

  1. Mucho hablar, poco hacer. Para que las cosas cambien hay que dejar de planificar y comenzar a hacerlas. Pero muy pocas veces encontramos a las personas adecuadas para cada trabajo y es necesario ensuciarse las propias manos para hacer lo que haga falta que sea hecho.

    Saludos,

    J.

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