Héctor se sentía calmado, las pesadillas se habían marchado casi casi de la misma forma de cómo habían llegado a su mente. Tenía mejores cosas por las cuales preocuparse, faltaban apenas dos semanas para que la Asociación de la fórmula 1 diese su esperada rueda de prensa; ya había firmado contrato y estaba plenamente en una nueva empresa, así que el dinero de la liquidación decidió dárselo a su padre, se lo iba a disfrutar mejor que él, con tal el pasaje iba ser pagado por la Escudería así como otros gastos.

—Campeón, sé que falta poco para que te vayas unos días a Londres. Pero creo que es buen momento  pero me gustaría darte un pequeño regalo. Con todo este asunto de la guerra y tu regreso, pensé que la tradición familiar iba a morir conmigo.

— ¿De qué hablas viejo?

—Posiblemente ya tendrás un traje con saco y corbata, pero quiero que tengas el mío. El cual me lo heredó mi padre— el ex combatiente observó como  su padre se acercaba al armario de su cuarto.

—Con que eso era lo que estaba en esa bolsa marrón. Y yo que siempre pensé que era un loco premio de cacería tuyo. Ciertamente es mejor que el traje de gala que tengo asignado del ejército.

—Estos trajes nunca pasaran de moda, campeón. Vas a necesitar mucho abrigo, a pesar de que es primavera en Londres, aún sigue lloviendo por esa isla, no creas que me ando ablandando por todo lo que anda pasando, pero quiero decirte que tu madre estaría orgullosa de ti.

¿A qué se refería con todo eso aquel duro anciano? Su padre, un mecánico que vio días mejores reparando tractores, motocicletas y algunos de los primeros vehículos que estaban dando el primer paso al futuro, cosa que le dejó un amargo sabor de boca y buscó la forma de optar a una jubilación que le permitiese vivir tranquilo. Aparte de todo eso, un viudo quien vio a su hijo unirse a una fuerza militar y regresar cambiado, en muchos aspectos.

Para Héctor, aquel breve acto significaba mucho, aquella figura paterna de pocas palabras estaba dando señales de que estaba lista de aceptar que ese piloto que tenía por hijo estaba retomando lo que la guerra le quitó, esa sensación de ser humano. Pero aquel momento fue interrumpido por el estruendoso sonido del teléfono móvil del galante nuevo piloto.

—El asunto del pistón fue arreglado, campeón—era la inconfundible voz de Fangio—, ya no tenemos tanto tiempo para carreras de ensayo. Debemos volar a Londres y esperar que nos confirmen todo lo referente a la pista de la Pole y la pista donde se llevará a cabo la primera competencia.

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