Publicada en el año de 1931, una de las obras (me atrevo a decir) más conocida del ilustre venezolano y uno de esos intelectuales criollos que es recordado por tus progenitores y que, como cosa rara, los nuevos movimientos sociales en la nación creen que estaría muy de acuerdo con ellos, ni más ni menos que Arturo Uslar Pietri. Ya saben, el que inventó la frase mis amigos invisibles, mucho antes que la famosa banda venezolana le tomase la frase para ponérselo de título.

Muchos la tildan a esta obra de estar englobada en el criollismo, en uno de los muchos intentos de llevar de nuevo a la palestra el mencionada género, el maestro Vargas Llosa la considera como una de esas novelas que le dio no solo el basamento sino que sirvió como acto de apertura para lo que sería ese género literario tan asociado a estos rumbos, el realismo mágico o la nueva novela latinoamericana, uno que le dio de nuevo un reconocimiento.

En lo personal, quizás el único punto negativo que le vi, fue el hecho que su prosa me pareció pesada, a diferencia de la de Herrera Luque que es más ágil y que me recuerda a la de ese gran monstruo llamado Dumas, la presente obra nos relata (desde varios puntos de vista) ese convulso momento de la historia de la cuna de libertadores, ese primer intento de Simón Bolívar en liberar lo que se conocía como la Capitanía General de Venezuela de manos de los realistas, sin perder algunos hechos como los constantes alzamientos de los esclavos y de los jóvenes, como muchos se iniciaban de forma clandestina en la lucha “patriótica” así como una idea que me gustó bastante que expone el autor, ese concepto difícil de digerir en la época llamado “La República”. Ambos bandos se nos muestran no como los típicos buenos y malos, cosa que siempre han hecho los libros de texto, sino que ambas partes con sus abusos y acciones cuestionables, de hecho la quema de la famosa finca ubicada en el Altar por parte de los esclavos así como las meditaciones de estos con respecto a quienes apoyar es una excelente muestra de lo que sucedía.

Otro elemento que me gustó de esta obra, es el hecho que no necesitó de los recursos típicos y tópicos del criollismo, ese que sería el abuelo de las telenovelas, para contar con crudeza lo que pasó en aquellos años.  Altamente recomendable, eso sí, mi sugerencia es que lean de forma previa a Herrera Luque o investiguen un poco de la vida y obra de don Uslar.

 

See Your Space Cowboy

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