Seguramente el título de este (intento de) artículo se puede quedar corto, también está la posibilidad de que las presentes líneas están llegando un poco tarde. Pero eso es lo bueno de los pensamientos extendidos, ya que pueden llegar tarde y que sirven para agregar algo adicional a ese asunto, creo que es tiempo de abandonar las ideas de los colectivistas y las del gendarme necesario ya que, como es evidente, hemos visto toda la extensión del daño que nos han causado no solo como nación; sino también a nivel personal.

Y la pregunta ¿Cuál sería la mejor opción con respecto a la diplomacia que debe tomar la cuna de Libertadores cuando la pesadilla revolucionaria se concluya? Pues, es una pregunta que es importante responder. Primeramente hay que mencionar que la diplomacia de un tiempo para acá no ha sido la mejor, el cuento de invasiones y guerras imaginarias es de lo peor; de hecho, es una clara demostración de lo que no se debe hacer en ese tema y que si bien no son los pioneros en ese asunto, parece que el actual gobierno es el alumno destacado y que aprendió muy bien las lecciones de hacerse la víctima de una conspiración en su contra, mientras que fronteras adentro las víctimas somos los ciudadanos de a pie .

Pero, creo que la diplomacia que debería tomar en el futuro la cuna de Libertadores, también debería ser la que debería tomar el resto de los países. La no intervención en asuntos de otros países, unos llaman eso como aislacionismo, pero yo creo que el nombre más idóneo es la no intervención.

Debo reiterar una pregunta ¿Cuánto nos cuesta como nación esos ejercicios militares? De hecho, podemos tener miles de opiniones a favor y en contra de esos ejercicios en vista que el delirio del gobierno actual lo hace con un fin bastante evidente. Mantenerse en el poder, ya que si somos honestos, si bien es cierto que la economía de Venezuela no es la mejor del mundo, es poco inteligente gastar dinero en una campaña para sembrar miedo en los habitantes que no están de acuerdo con las ideas revolucionarias.

El cuento de Pedro y el lobo es el más acertado para describir el comportamiento del gobierno venezolano, pero el que está por llegar debería tomar como ejemplo la diplomacia de Suiza y dejar de usar las armas para alcanzar la paz. Si a todo eso, le sumamos que se llega más lejos usando el comercio para crear lazos con otros países, se hace evidente el camino que se debe tomar.

Ahora bien ¿Qué tenemos que hacer? Primeramente hay que tener la casa en orden. Eso quiere decir que el Gobierno se limite a todo lo que he expresado en las líneas previas a las que estas sirven como pensamientos extendidos; ya que con el comercio se busca que las ambas partes involucradas se ayuden sin necesidad de un tercero usando la coacción.

Si bien la no intervención en asuntos ajenos suena a algo demasiado distante y que se se olvida de la libertad de expresión, creo que es todo lo contrario. Hay que garantizar que la gente pueda expresar sus opiniones sobre ese tema tan delicado, pero ya sabemos quién debe no debe ser ese encargado de mantener esa garantía y que eso sea algo de la sociedad civil. Ya que no es inteligente ni mucho menos algo digno de una sociedad mantener el silencio mientras otro grupo de personas son atacadas.

Ahora con todo este asunto de proteger el territorio nacional, mientras sea la diplomacia de no agredir ni intervenir difícilmente se puede dar el hecho que vengan a atacar; pero creo que cada quién debe estar armado para proteger no sólo a su familia, sino también a sus propiedades. Además que con el dinero que se gasta en los actuales ejercicios militares, se podría invertir en algo mucho más productivo, como en la reducción del gasto público.

Opino que la Venezuela que está por llegar no van a ser necesarios los cuerpos de seguridad llamados ejército y la Guardia Nacional, así como buena parte de las ramificaciones que existen de la policía. Si hay un ciclo que se debe cerrar es el de abusos que han infligido en los ciudadanos así como los privilegios que estos uniformados han conseguido no por su buen comportamiento.

Dudo mucho que convertirse en un uniformado sea la mejor alternativa que puede tomar una persona no sólo en la Venezuela que tenemos, sino en la que está por llegar. Lo que hay que asegurar es que ese muchacho que a duras penas sobrevivió al sistema educativo, tenga las herramientas necesarias para entrar al mercado laboral sin necesidad de renunciar a su individualismo, por tres comidas diarias y sentido pertenencia que sirve como hilos en una marioneta.

¿Cuántas vidas serían diferentes cuando se entienda que la violencia tanto dentro como fuera de las fronteras de un país lo que hace es prolongar una pelea? Buenos ejemplos de eso hay por montones al sol de hoy y dudo mucho que sea algo que algunos, dentro de las fronteras de Venezuela, quieran que se mantenga. Estamos perdiendo ya sea por el éxodo o por las balas a gente que podría tener unas excelentes ideas con las cuales el predicamento en el que estamos metidos podría ser un trecho corto.

Por eso la idea del gendarme necesario debe ser desechada para buscar la idea que se necesitan miles de empresarios, esos que lo arriesgan todo para no solo buscar su lucro personal, sino también ofrecer una oportunidad de empleo a sus vecinos así como bienes y servicios que ayuden a afrontar las dificultades de la vida cotidiana. Pero bueno, estamos en un momento bastante complicado y en lo que unos llaman, el episodio más oscuro de la historia venezolana y la verdad es que comparto la visión, así como en muchos aspectos también comparto cierto pesimismo ya que este problema es mucho más profundo de lo que parece.

Por eso, es tiempo de comprender que empresarios y trabajadores no son entes que se encuentran en conflicto. Ambos comparten problemas y deberían comprender que si juntos hacen entender que necesitan bajos impuesto, ya que de esa forma pueden invertir en sus empresas y empleados, que pueden tener el dinero suficiente como para mandar a sus hijos a una buena escuela, que con una moneda fuerte pueden ahorrar lo suficiente como para mejorar su vida cotidiana e incluso convertirse en un futuro empresario que compita con quien antes fuese su jefe. Y que decida la gente (el mercado) que decida a cuales de los dos va a apoyar comprando sus productos o usar sus servicios.

 

See Your Space Cowboy

 

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